La playa de los tiburones

 

«Honra a tu padre y a tu madre. Entonces tendrás una vida larga y plena» Éxodo 20:12

No sé a ti, pero a mí me apasiona la playa. Allí me siento eufórico, como un gato frente a un plato de leche. Me fascinan el ritmo de las olas, la extensión de la arena y el viento que me acaricia la piel. Obviamente, lo mejor es entrar al agua y disfrutar este gran regalo natural de Dios.

¿Comenzamos el viaje? Hay una ciudad llamada Recife (que significa «arrecife» en español), que lleva este nombre debido a la peculiar atracción de sus playas. Muros de roca bordean toda la costa. ¿El resultado? Se forman espectaculares piscinas naturales donde los niños juegan y los adultos nadan. Más allá de los arrecifes, se despliega un inmenso océano azul, perfecto para nadadores y surfistas.

Sin embargo, en este lugar, unos carteles poco agradables arruinan el plan de darse un chapuzón. Son rojos y advierten a los desprevenidos: «¡ATENCIÓN! Zona de tiburones. Prohibido nadar». Y le agregan un macabro dibujo del pez de dientes afilados. ¡Qué! ¿Tiburones? ¡Ni muerto, mucho menos vivo, ingreso a esas aguas!

La maravillosa playa de Boa Viagem, donde viví tres años, es la más concurrida de la región. Pero en esta hermosa ciudad se da una escena extraña: hay un montón de gente apiñada en los primeros metros de agua, hasta los arrecifes. Después de ellos, ni un alma se atreve a poner un pie. Al fin y al cabo, nadie quiere que sus piernas se conviertan en una hamburguesa en la boca del villano del mar. Aunque ningún policía lo prohíba, cualquier surfista mínimamente inteligente buscará otras olas.

¿Te das cuenta de que detrás de cada advertencia hay una sabia protección que busca ayudarnos? Cuando tus padres te dicen «no», lo hacen con un montón de «sí» detrás. Volver temprano a casa, tener cuidado con amistades extrañas, ser amable y obediente, no probar nada desconocido; todo eso son advertencias protectoras de quienes buscan lo mejor para ti.

Cuando vivía allí, de vez en cuando nos sobresaltábamos con la noticia de algún nadador desobediente atacado por un tiburón. Los sobrevivientes siempre lo reconocían: «¡Debería haber obedecido el cartel!».

¿Y tú? Tómate en serio los consejos prácticos que tus padres te dan. Ellos saben lo que te hará feliz. Conocen los buenos lugares para ti. Y créeme: obedecer a quienes te quieren es la mejor manera de disfrutar la hermosa vida que Dios nos regaló.

Así que nada todo lo que quieras y disfruta siguiendo los consejos de quienes aman verte sonreír. ¡No te arrepentirás!

 

Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca

Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez

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