“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” Salmos 119:11
Dietrich Bonhoeffer fue un valiente pastor que se resistió al régimen nazi y fue ejecutado por las fuerzas de la Gestapo —policía secreta del Estado nacional socialista alemán, durante la época de Hitler— poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Antes de su ejecución, Bonhoeffer alcanzó a enviar algunas cartas, escritas durante su cautiverio.
Dichas cartas constituyen auténticos documentos, que nos permiten conocer el alma de este mártir del siglo XX. Muestran un hombre asentado, firme y seguro en la Palabra de Dios. Tras una aterradora experiencia, cuando la explosión de una granada casi destruyó su celda, Bonhoeffer escribió: “Me asalta el aíre pesado… vuelve a llevarme, simplemente, a la oración y a la Biblia”.
Ante la inminencia y certeza de su muerte, Bonhoeffer escribió acerca de lo mucho que disfrutaba de las Escrituras. La Palabra de Dios alimentaba diariamente su vida espiritual. irradiando el gozo que generaba su lectura, en una de sus últimas cartas declaró: “Estoy leyendo la Biblia de tapa a tapa. Leo los Salmos todos los días, como lo he hecho por años. Los conozco y los amo más que a ningún otro libro”.
La Biblia fortaleció a Bonhoeffer, preparándolo para la mayor prueba de su vida. A través de sus páginas, recibió fortaleza espiritual y valor indomable. Su fe fue inquebrantable porque se arraigó en el Dios que se revela a sí mismo a través de su Palabra inmutable. Elena G. de White declaró: “Si se estudiara la Palabra de Dios como se debe, los hombres tendrían una grandeza de espíritu, una nobleza de carácter y una firmeza de propósito que raramente pueden verse en estos tiempos” (El camino a Cristo, p. 90). La Biblia proporciona una fortaleza interior sin igual: profundiza la vida espiritual.
Dietrich Bonhoeffer descubrió las enormes ventajas de estudiar la Palabra de Dios con oración. Dios nos ofrece la misma oportunidad. Los gigantes espirituales del pasado no desarrollaron su fe por casualidad. Sus vidas se fundamentaron en la Palabra de Dios. Su fe fue fuerte, porque su vida de devoción lo fue.
Y lo mismo puede ocurrir en nuestro caso. El mismo Espíritu Santo que otrora inspirara las Escrituras, nos inspira ahora, al leerlas. Cuanto más meditemos hoy en ellas, más se fortalecerá nuestra fe.
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Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
