«Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo aquel que pide recibe, y el que busca halla; y al que llama se le abrirá» Lucas 11: 9-10; RVA15.
Debo confesar que no me gusta nada «hablar» con máquinas. En particular, me gustan muy poco contestadores automáticos. A veces me han hecho perder mucho tiempo y, lo que es peor, hasta la paciencia: «Lo sentimos, pero de momento todos nuestros agentes están ocupados atendiendo a otros clientes. Para agilizar su gestión, por favor, consulte tuesta página web o llame más tarde. Muchas gracias por su llamada».
Me alegra saber que Jesús promete que, en nuestras comunicaciones con el cielo, al que llama se le responde. Y se le escucha siempre y de inmediato.
¿Imaginas estar orando y recibir del «contestador automático» del cielo el siguiente mensaje? «Gracias por llamar a las mansiones celestes. Para peticiones.
pulse 1: Para acciones de gracias,
pulse 2. Para quejas,
pulse 3. Para cualquier otro asunto,
pulse 4». O bien: «Por favor, manténgase en línea, su llamada será atendida en breve».
O: «Estimado cliente; nuestros servicios informáticos señalan que usted lleva en línea más de cinco minutos: Por favor, cuelgue de inmediato y despeje la línea para no bloquear otros usuarios». O bien: «Lo lamentamos, pero nuestras oficinas están cerradas todos los fines de semana. Sírvase llamar de lunes a viernes en el horario siguiente
Gracias a Dios, esto no sucede con nuestras oraciones. Desde la primera llamada siempre nos atiende y nos escucha (ver Sal: 94: 9). Cada vez que pedimos según su voluntad, él nos oye (ver 1 Juan 5: 14). Y si nos equivocamos en alguna de nuestras peticiones, el Espíritu nos ayuda y nos enseña a «orar como conviene» (Rom. 8: 26, JB5).
Gracias a Dios, podemos llamarle todas las veces que lo necesitamos y en cualquier momento (eso es lo que significa «Oren sin cesar» [1 Tes. 5: 17, RVC]). Gracias a Dios, el cielo nunca tiene la línea ocupada, y el Señor nos atiende siempre personalmente (ver 1 Juan 5: 15). Nos trata de la forma más personal porque hasta conoce nuestro nombre (ver Isa. 43: 1). Además, sabe cuáles son nuestras necesidades antes de qué se las expongamos (ver Mat. 6: 8).
Siguiendo el consejo de Jesús; deseo ponerme en comunicación con el cielo, hoy y ahora. «Pero tu, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te-recompensará en público» (Mat. 6: 6)
La atención personal que Dios está dispuesto a prestarme en este momento es la mejor recompensa.
ÉL Y YO A SOLAS
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2025
«CON JESÚS HOY»
Por: Roberto Badenas
Colaboradores: Nilken Ortíz y Silvia García
