jueves , 22 octubre 2026
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La Oración

La oración genuina no depende de la hora, ni del lugar ni de las circunstancias

Orad en vuestro gabinete; y al ir a vuestro trabajo cotidiano, levantad a menudo vuestro corazón a Dios. De este modo anduvo Enoc con Dios. Esas oraciones silenciosas llegan como precioso incienso al trono de la gracia. Satanás no puede vencer a aquel cuyo corazón esta así apoyado en Dios. No hay tiempo o lugar en que sea impropio orar a Dios. No hay nada que pueda impedirnos elevar nuestro corazón en ferviente oración. En medio de las multitudes y del afán de nuestros negocios, podemos ofrecer a Dios nuestras peticiones e implorar la divina dirección, como lo hizo Nehemías cuando hizo la petición delante del rey Artajerjes. En dondequiera que estemos podemos estar en comunión con él. Debemos tener abierta continuamente la puerta del corazón, e invitar siempre a Jesús a venir y morar en el alma como huésped celestial.—El Camino a Cristo, 99.

Dondequiera que estemos, sea cual sea nuestro empleo, nuestros corazones han de elevarse a Dios en oración. Esto es ser constantes en la oración. No necesitamos esperar hasta que podamos arrodillarnos para orar. En una ocasión, cuando Nehemías se presentó ante el rey, este le preguntó por qué parecía tan triste y qué pedido tenía para presentarle. Pero Nehemías no se atrevió a responder inmediatamente. Estaban en juego importantes intereses. La suerte de una nación dependía de la impresión que entonces se hiciera en la mente del monarca, y en ese mismo instante Nehemías elevó una oración al Dios del cielo antes de atreverse a responder al rey. El resultado fue que obtuvo todo lo que pidió o aun deseó.—The Signs of the Times, 20 de octubre de 1887.

Todos vuestros buenos propósitos y buenas intenciones no os capacitarán para resistir la prueba de la tentación. Tenéis que ser hombres y mujeres de oración. Vuestras peticiones no deben ser lánguidas, ocasionales, ni caprichosas, sino ardientes, perseverantes y constantes. No siempre es necesario estar solo, o arrodillarse para orar; sino que en medio de vuestro trabajo cotidiano vuestra alma puede a menudo elevarse a Dios, aferrándose de su fortaleza; entonces seréis hombres y mujeres de un propósito elevado y santo, de integridad noble, quienes por ninguna consideración serán desviados de la verdad, el bien y la justicia.—Testimonies for the Church 4:542, 543.

Debemos orar constantemente, con una mente humilde y con un espíritu manso y dócil. No necesitamos esperar hasta tener la oportunidad de arrodillarnos delante de Dios. Podemos orar al Señor y hablar con él dondequiera que estemos.—Mensajes Selectos 3:304.

“Las oraciones en público deben ser claras, cortas y en tono natural”

Las oraciones largas de algunos ministros han sido un gran fracaso. Orar un largo rato, como lo hacen algunos, está del todo fuera de lugar. Lastiman la garganta y los órganos vocales, y luego hablan de enfermarse por su ardua labor. Se perjudican sin que sea necesario. Muchos piensan que la oración daña las cuerdas vocales más que hablar. Esto se debe a la posición antinatural del cuerpo y al modo de tener la cabeza. Pueden pararse y hablar, sin sentir molestia. La posición en la oración debiera ser perfectamente natural. Las oraciones largas cansan, y no están de acuerdo con el evangelio de Cristo. Media hora, o aun un cuarto de hora es demasiado tiempo. Unos pocos minutos son suficientes para presentarse ante Dios y decirle lo que desean; y conseguirán que la gente los siga sin cansarse ni disminuir su interés en la devoción y la oración. Así pueden ser renovados y fortalecidos en lugar de quedar agotados. Muchos han errado al hacer largas oraciones y largas predicaciones,  en tono alto y forzando la voz, en una tensión antinatural y un tono antinatural.—Testimonios para la Iglesia 2:545, 546.

Por vuestro propio ejemplo enseñad a orar con voz clara y entendible. Enseñadles a levantar la cabeza de la silla y que no se cubran nunca la cara con las manos. Así pueden ofrecer sus sencillas oraciones, repitiendo al unísono el Padrenuestro.—Conducción del Niño, 495.

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LA ORACIÓN
   CAPÍTULO 19- “LAS ACTITUDES EN LA ORACIÓN ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara

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