martes , 8 septiembre 2026
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Notas de Ellen G. White 2023

LA MIRADA PUESTA EN EL PREMIO

El  hijo  de Dios  era  el  heredero  de  todas  las  cosas,  y se  le  prometieron el  dominio  y la gloria de los reinos  de este mundo.  Sin embargo, cuando  él  apareció  en este  mundo,  lo  hizo  sin riqueza  ni  esplendor.   El mundo  no comprendió su unión  con el Padre;  la  excelencia  y  la  gloria de su carácter divino  les  fueron ocultadas.  Por lo tanto fue «despreciado y rechazado  por los  hombres»,  y «nosotros  le  tuvimos  por azotado,  por herido de Dios y abatido». lsaías 53:4.  Esta misma experiencia de Cristo cuando  estuvo  en  el  mundo  debe  ser  la  de  sus  seguidores.  Estos  son los  hijos  de Dios  y coherederos  con Cristo;  y el reino y el  dominio  les pertenecen. El  mundo  no comprende  su carácter  ni  su sagrada  vocación; no percibe su adopción  en la familia de Dios.  Su unión y compañerismo con  el  Padre  y el  Hijo  no  son manifiestos, y  mientras  el  mundo  contempla  su humillación y reproche,  no resulta  evidente  lo que  ellos  son o lo que llegarán a ser. Son extraños,  son extranjeros. El mundo  no los conoce  y no aprecia  los motivos  que  los impulsan a obrar (Testimonios para la iglesia, t.  1,  pp.  258, 259).

El  que ha entregado  su vida  a Dios  para  socorrer  a los  hijos  de él se une a Aquel que  dispone  de todos  los recursos  del universo. Su vida queda  ligada a la  vida de Dios por la áurea  cadena de promesas  inmutables.  El  Señor no lo  abandonará  en la  hora  de aflicción  o de necesidad. «Mi  Dios,  pues,  suplirá  todo  lo  que  os  falta  conforme  a  sus  riquezas en gloria  en Cristo  Jesús».  Filipenses  4:19.  Y en la  hora  de  necesidad final,  los  compasivos  se  refugiarán  en  la  misericordia  del  clemente Salvador y serán  recibidos  en las  moradas  eternas  (El discurso maestro de Jesucristo, pp.  24, 25).

Redimido  Pablo por el  sacrificio  de Cristo,  lavado del  pecado  en ‘su sangre y revestido  de su justicia,  tenía en sí  mismo el  testimonio  de que su alma era preciosa  a la vista de su Redentor. Estaba su vida oculta con Cristo en Dios, y tenía el  convencimiento de que quien venció  la  muerte es  poderoso  para  guardar  cuanto  se  le  confíe.  Su mente  se  aferraba  a la  promesa  del  Salvador:  «Yo  le  resucitaré   en  el  día  postrero».  Juan 6:40.  Sus pensamientos y esperanzas  estaban  concentrados  en  la  segunda venida  de su Señor.  Y al caer la espada  del  verdugo,  y agolparse  sobre el  mártir  las sombras  de  la  muerte,  se  lanzó  hacia  adelante  su  último pensamiento  -como  lo  hará el  primero  que de él  brote en el  momento del  gran despertar- al  encuentro del  Autor  de  la  vida  que  le  dará  la bienvenida  al  gozo  de los  bienaventurados.

Casi  veinte  siglos  han  transcurrido  desde  que  el  anciano  Pablo vertió su sangre  como  testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Ninguna  mano fiel registró para  las generaciones futuras las últimas escenas  de la  vida de este santo apóstol;  pero la  Inspiración  nos ha conservado  su postrer  testimonio.  Como  resonante  trompeta,  su voz ha vibrado  desde  entonces  a través  de  los siglos, enardeciendo con su propio  valor a millares  de testigos  de Cristo  y despertando  en  millares de corazones  afligidos  el eco de su triunfante gozo: «Porque  yo ya estoy para ser ofrecido,  y el  tiempo  de mi  partida  está cercano.  He peleado  la buena  batalla,  he acabado  la  carrera,  he guardado  la  fe.  Por  lo  demás, me está guardada  la corona  de justicia,  la  cual  me dará  el  Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también  a todos los que aman su venida».  2 Timoteo  4:6-8  (Los hechos de los apóstoles, pp. 408, 409).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
1re. Trimestre 2023 «ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR… HASTA QUE ÉL VENGA»
Lección 12: «LAS RECOMPENSAS DE LA FIDELIDAD»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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