lunes , 28 septiembre 2026
Matinal Para Damas 2018

La Mente de un niño

«Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe o mí. Pero si alguien hace pecar a uno de estos o»pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino g lo hundieran en lo profundo del mar» (Mat. 18:5, 6).

Los niños pequeños se aferraban a las piernas de sus madres, mientras ellas hablaban sobre sus bebés. Entonces, una dijo:

—Esta noche vamos a salir a divertirnos un poco, pero recién después de acostar al bebé. Si él se da cuenta, va a hacer un berrinche.

Eso me recordó a dos pequeños que entraron a mi vida por un corto tiempo.

Cuando éramos misioneros en la isla de Borneo, en Malasia, mi esposo solía traer a personas enfermas de aldeas remotas para que fueran hospitalizadas. Yo los llevaba hasta el hospital y me quedaba cerca, hasta que estuviesen en la sala indicada. Como estaban lejos de sus familias, apreciaban mis visitas frecuentes. Una vez, Dick trajo a una niña de un año y a un niño de cinco. No sabía mucho sobre el niño, ya que el pastor local lo había encontrado en el hogar comunal, enfermo, indiferente e inexpresivo. Durante mis visitas, ambos venían a mí con entusiasmo y jugábamos con alegría.

Cuando mejoraron, el hospital no dejaba ir al niño hasta que llegara el padre, para recibir las instrucciones de cuidado necesarias. Cuando llevé al padre hasta donde estaba su hijo, el niño lo miró y gritó… no dejaba de gritar! El padre se volvió a mí, diciéndome:

—No me reconoce.

Pero yo pensé: Al contrario, sabe «perfectamente» quién eres. Era evidente que el niño no quería volver a un hogar donde lo descuidaban y trataban mal.

Llevamos a la niña hasta su casa nosotros mismos, dado que estábamos llevando también provisiones a su aldea. Ella se aferró a mí durante todo el largo viaje. Paramos en lo alto de la colina desde la cual se veía su aldea, para revisar los frenos y nuestra carga. A la distancia, vi a su padre que subía la colina corriendo. Cuando ella lo vio, inmediatamente le extendió sus brazos regordetes y se olvidó de mí. Ella también conocía a su padre y su amor.

iQué enorme diferencia en las respuestas de esos dos niños para con sus padres! En sus mentes, se había grabado el trato que habían recibido, y así fue que el comentarlo de esa joven madre me atormentaba. Los niños aprenden muy rápido y pueden aprender la desconfianza tan fácilmente como la confianza. Y una vez que se aprende la desconfianza, es muy difícil revertirla. Dios nos confia estos pequeños, y espera que les demos amor y confianza, siendo cuidadosas con sus sentimientos.

JEAN HALL está jubilada y es voluntaria de ADRA. Lleva 61 años casada y fue misionera con su esposo durante 25 años.

#MatinalDeDamas
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”

Matinales relacionados

OFRENDAS VIVAS

Les ruego  por la  misericordia de  Dios que  se  presenten  ustedes  mismos ...

NO TIRAR BASURA

  «La respuesta amable calma el enojo» (Prov. 15:1).       ...

MI CUADERNO ESPECIAL

  «Den gracias al Señor, porque él es bueno: su gran amor...

UN CENTAVO POR TUS PENSAMIENTOS

  «Dichosos los que lloran, porque serán consolados» (Mat. 5:4).   Luego...