«Porque nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada podremos sacar»._1 Timoteo 6:7_
Los habitantes de Silesia, un pequeño pueblo Alemán, ofrecía dura resistencia a la invasión de Napoleón y sus fuerzas. Corría el año 1813. Todos los ciudadanos contribuían con lo que tenían para poder equipar al ejercito defensor. En ese momento de destacó la figura de una muchacha silesiana que no tenía dinero, pero que ofreció sus largos cabellos para contribuir con su país.
El peluquero no podia entender por qué la linda muchacha quería deshacerse de tan hermoso cabello. Después que la joven le explicó su propósito, el peluquero aceptó la oferta, pero no quiso pagar más que dos pesos de oro.
Sin embargo, el hombre quedó tan conmovido por el ejemplo de sacrificio, que no hizo una peluca, sino muchos brazaletes. Todo el país llegó a saber lo que la muchacha silesiana había hecho por su país; los artículos elaborados con su cabello fueron tan buscados que le proporcionaron al peluquero una gran ganancia, mitad de la cual la dio para los gastos de guerra.
Historias como ésta son muy conocidas. En realidad, cuando una persona llega a entender el valor de lo que defiende, no mide sacrificios.
Un día estábamos perdidos y *Cristo nos encontró.* Pagó el precio, pero no con oro o plata: derramó su vida gota a gota, se inmoló en el Calvario y compró nuestra libertad.
Cualquier cosa que podamos ofrecer a Jesús no es una retribución, porque nunca podremos retribuir su sacrificio, sino el reconocimiento de que Él es importante en nuestra vida y lo aceptamos como el soberano *Creador, Redentor y Sustentador.*
La medida de nuestro amor siempre será proporcional no a cuanto damos, sino a cuanto nos sacrificamos.
Mientras dirigía una semana de oración, fuí buscado por una madre afligida que me pedía que hablara con su hija porque estaba al borde de un casamiento que, con seguridad, sería la ruina de su vida espiritual. El joven no amaba a Jesús ni quería saber nada de la iglesia, porque consideraba que todo era «ridículo y banal». La señorita me dijo que amaba mucho a su novio y que nada la haría desistir de ese casamiento, pero al fin de la semana me volvió a buscar, llorando, y me mostró la mano sin la alianza.
–¿Por qué desististe de casarte?– le pregunté–. ¿Dejaste de amarlo?
–No, pastor –fué su respuesta–. Lo continúo amando mucho, sólo que esta semana entendí cuánto me ama Jesús, y, aunque estoy sufriendo, ahora no tengo valor para lastimar el corazón de mi Señor.
_Por Alejandro Bullón._
MatinalFamiliar
#MeditacionesDiarias
#RadioJovenAdventista
Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón
