«Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu» (Sal. 51:10).
Sabes que es hora de limpiar cuando pisas en la cocina y sientes que tus pies se pegan al suelo, Las cosas han llegado demasiado lejos cuando los vecinos escriben «Lávame» en tus ventanas.
En momentos como estos, tenemos una manera infalible de ocuparnos de una casa sucia: invitar a alguien a almorzar el sábado. Nada me motiva más a limpiar la casa que el miedo a que los demás descubran que vivo rodeado de suciedad.
Mi esposa y yo queremos vivir en una casa limpia. Pero, luego de un día de trabajo, apenas nos quedan energías para pronunciar palabras simples; cuánto menos para empujar un trapeador y usar una esponja, Nuestro criterio de limpieza en el hogar es: «Si puedo soportar el desastre un día más, quizá lo limpie mañana».
Lori siempre puede esperar más que yo en cuanto a la basura de la cocina. Ella hace torres de botellas vacías, latas y cajas de cereal en un tacho ya lleno, hasta que sean tan altas como el Everest. Ella dejaría que toda la cocina y la mitad de la sala de estar se llenaran de basura esperando que yo la saque… qué es lo que generalmente pasa.
Yo, por otro lado, dejaré que el baño se deteriore hasta tal punto que me dé vergüenza que una visita lo use. Cuando Lori ya no lo puede soportar más, la veo dirigiéndose al baño con guantes de goma y un cepillo de mango largo, como si se encaminara a combatir ella sola el virus del ébola.
El método de limpieza de «esperar a ver qué pasa» no nos ha funcionado bien en cuanto al refrigerador. Los chicos del vecindario que buscan un proyecto para su clase de ciencias a último minuto pasan y nos preguntan qué cultivamos allí.
¿Cuán seriamente deberíamos asumir nuestra batalla diaria contra la mugre?
El diablo quizá nos haga sentir culpables por las pelusas que hay debajo de nuestra cama, pero no estoy seguro de que Dios le conceda la misma importancia a la suciedad que es meramente externa. Por lo que dijo Jesús, es más importante estar limpios por dentro.
Quizás hayas elevado la oración de David: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio». Como ves, también en la limpieza interior, el secreto es invitar a Alguien. Kim
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
