EL REINO DE LA GRACIA
«Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo».
2 Timoteo 2: 3
Somos soldados de Cristo; y se espera que los que se registran en su ejército realicen tareas difíciles, tareas que. consumirán sus energías en grado sumo. Debemos entender que la vida de un soldado conlleva lucha agresiva, perseverancia y fortaleza. Debemos soportar pruebas por el amor de Cristo. No estamos involucrados en batallas de gestos.— Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 140.
Resolvamos, no por nuestra fuerza, sino en la fuerza y gracia que Dios nos da, consagrar a él ahora, en este momento, toda facultad, toda habilidad. Entonces seguiremos a Jesús porque él nos llama, y no preguntaremos hacia dónde, o qué galardón nos dará. Cuando el yo muere, cuando nos rendimos a Dios para hacer su obra, para dejar que la luz que él nos ha dado brille por medio de las buenas obras, no trabajaremos solos. La gracia de Dios está por delante para cooperar con cada esfuerzo que se haga con el fin de iluminar a los ignorantes y a los que no saben que el fin de todas las cosas se aproxima. Pero Dios no hará la obra que nos corresponde a nosotros. La luz podrá brillar en abundancia, pero la gracia concedida convertirá nuestra alma solamente si nos anima a cooperar con las agencias divinas. Hemos sido llamados a vestirnos de la armadura cristiana y a ingresar en el servicio del Señor como soldados activos. El poder divino cooperará con el esfuerzo humano para quebrantar el hechizo mundanal con que el enemigo ha cautivado a las almas.—Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 63.
El Señor nos ha honrado escogiéndonos como sus soldados. Combatamos valientemente por él, manteniéndonos de parte de lo recto en cada circunstancia. La rectitud en todas las cosas es esencial para el combate del alma. Mientras luchamos por ganar la victoria sobre nuestras propias inclinaciones, nos ayudará por medio de su Santo Espíritu a ser circunspectos en cada acto, de manera que no demos ocasión al enemigo de hablar mal de la verdad.— Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1119.
Somos soldados de Cristo. Él es el capitán de nuestra salvación, y nosotros estamos bajo sus órdenes y reglas. Hemos de usar su armadura; hemos de marchar solamente bajo su estandarte. Hemos de estar investidos de toda la armadura de Dios y trabajar como a la vista del universo del cielo.— Testimonios para los ministros, cap. 11, pp. 275-276.
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
