«A los hombres rectos los guía su rectitud; a los hombres falsos los destruye su falsedad» (Proverbios 11:3).
En el año 2014 escuché que en una sesión de preguntas y respuestas, el Ejecutivo Nacional declaró que el problema de la corrupción en México «es un asunto, a veces, cultural». Desafortunadamente, muchos hemos sido afectados por este «flagelo» y en otras ocasiones, incluso, participado de él. Pero aunque muchos consideren que este asunto es propio de un país o más marcadamente de Latinoamérica, la realidad es muy diferente.
El proverbista señala la añeja costumbre de los fraudulentos comerciantes de vender menos de lo que decían: «Pesas falsas y medidas con trampa son dos cosas que el Señor aborrece» (Proverbios 20:10). Por lo cual, necesitamos desconfiar cuando realizamos una transacción comercial, verificar que el cambio que te entregue un comerciante sea el correcto, pues la gente busca sacar provecho de quién sea y cómo sea.
Respecto a Dios, él no ve niveles de corrupción, sino condiciones, y la humana es una condición corrupta. Todos tenemos una tendencia a hacer trampa no por cultura o nacionalidad, sino por naturaleza. Cuando nos separamos de Dios, tarde o temprano podemos realizar justamente lo que hoy señalamos como incorrecto. Por eso, el apóstol Pablo declaró: «Todos se han ido por mal camino; todos por igual se han pervertido. ¡No hay quien haga lo bueno! ¡No hay ni siquiera uno!» (Romanos 3:12).
Por otra parte, mientras que la tecnología avanza día a día a pasos agigantados, la moral, la ética e integridad parecen retroceder de forma vertiginosa. Además, a muchos, los dispositivos tecnológicos solo les sirven para expresar la corrupción que hay en su corazón. En consecuencia, es común encontrar asuntos grotescos en las redes sociales; gente que celebra y comparte sus «hazañas», otros que practican el cyberbuIIying y el sexting para desprestigiar desde una marca comercial hasta una persona o un credo. Hoy, a diferencia de quince años atrás, es más fácil usurpar la identidad de otra persona.
¿Por qué ocurre esto? Originalmente Dios creó a la humanidad a su imagen y semejanza. Ahora, esa imagen se desvanece. La falta de integridad refleja la imagen de Satanás. ¿Estamos condenados a esta realidad por siempre? No. Necesitamos admitir nuestra realidad y rendirle a Dios nuestra vida entera.
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Tomado De: Lecturas Devocionales Para Menores 2023.
“SIGUIENDO LAS HUELLAS DE LOS GRANDES PERSONAJES DE LA BIBLIA”
Por: «CÉSAR SÁNCHEZ MURILLO»
Colaboradores: Karla González & Mayra Leyva

