
Cada alma está rodeada de una atmósfera propia, una atmósfera que puede estar cargada del poder vivificador de la fe, el valor y la esperanza, y endulzada por la fragancia del amor. O puede ser pesada y fría con la bruma del descontento y el egoísmo, o estar envenenada con la contaminación fatal de un pecado acariciado. La atmósfera que nos rodea afecta consciente o inconscientemente a toda persona con la cual nos relacionamos.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
Sección 14—LAS RELACIONES SOCIALES—CAP 140—
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara