VERSICULO PARA MEMORIZAR:
«Ayúdense entre sí a soportar las cargas, y de esa manera cumplirán la ley de Cristo» (Gálatas 6:2).
MENSAJE:
Mostramos nuestro amor por Jesús cuando apoyamos a los demás miembros de nuestra comunidad.
REFERENCIAS:
Lucas 23:16; El deseado de todas las gentes, cap. 78, p. 704; Creencias fundamentales 14, 11, 17).
¿Te han persuadido alguna vez a hacer algo que te parecía que era terrible y después te alegraste de haberlo hecho? Esa fue la situación en que se encontró Simón.
Barrabas, con expresión de sorpresa y confusión, avanza abriéndose paso entre la multitud. Acaban de ponerlo en libertad. «Esta chusma está loca», piensa el exprisionero. Una sola mirada al rostro de Jesús basta para que cualquier persona cuerda sepa que es inocente.
Jesús está cansadísimo. Han pasado más de doce horas desde que cenó con sus discípulos. Desde su apresamiento en el Getsemaní hasta ahora, su último juicio, nadie le brindó ni siquiera un vaso de agua. Dos veces lo castigaron con un látigo de cuero que tenía trozos de hueso o metal en los extremos que desgarraban su carne. Aunque había quedado muy lacerado, viviría lo suficiente como para que lo clavaran en la cruz.
-¡Crucificalo! -rugía la enardecida multitud.
Esas palabras herían los oídos de Pilato: «Crucifícalo».
Pilato pidió un jarro con agua. Se lavó las manos en presencia de la multitud y dijo:
-Soy inocente de la sangre de este hombre. Llévenselo y hagan con él lo que ustedes quieran.
Pilato miró el rostro de Jesús y le dijo a manera de excusa:
-Lo siento, pero no puedo salvarte.
De allí en adelante el centurión romano se hizo cargo de la situación. Los soldados tomaron los tres maderos horizontales de las tres cruces, e hicieron que los condenados a muerte las cargaran. Jesús cayó porque no pudo soportar el peso del madero.
Los soldados alzaron el madero y Jesús se levantó con gran dificultad. Luego continuó su marcha hacia el Gólgota. Más adelante volvió a caer exhausto. Era evidente que ya no podía continuar cargando con el pesado madero de la cruz.
Un soldado romano miró molesto a la multitud que los seguía y preguntó:
-¿Quién llevará la cruz en lugar de este hombre?
Nadie contestó. Los judíos pensaban que la crucifixión era la peor de las maldiciones que un judío pudiera experimentar. Habían escuchado la lectura de Deuteronomio 21:23: «Maldito de Dios el que muere colgado».
Además de eso, era el tiempo de celebración de la Pascua. Cualquiera que tocara la cruz, o a alguno de aquellos condenados, se contaminaría y no podría participar en el servicio de Pascua en el templo.
El soldado de pronto clavó su vista en Simón, un extranjero natural de Cirene, que estaba parado a la orilla de camino mirando lo que sucedía. Había ido a Jerusalén para la Pascua, pero no esperaba presenciar una crucifixión.
Vio a Jesús y lo reconoció. Sus dos hijos, Alejandro y Rufo, eran creyentes. Simón había escuchado sus conversaciones acerca de ese hombre joven de Galilea. Sabía que creían que era el Mesías. Simón sintió lástima y compasión cuando vio la condición en que se encontraba Jesús y no pudo ocultar sus sentimientos, aunque él mismo no creía en Jesús. El soldado lo empujó hacia Jesús y le ordenó que cargara el pesado madero. Simón obedeció. Jesús se levantó con dificultad y continuó la marcha más aliviada.
Simón dejó caer el pesado madero de la cruz cuando llegaron al lugar de la crucifixión, y se ubicó entre la gente para observar lo que sucedería.
Vio cuando pusieron a Jesús en el madero. Oyó que Jesús decía:
«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». Simón se preguntó si acaso aquel hombre no sería el Hijo de Dios. Se quedó en aquel lugar hasta el momento en que Jesús exclamó: «Consumado es». Poco después Simón cayó en tierra con todos los demás cuando un fuerte terremoto sacudió la tierra. Finalmente vio cuando José y Nicodemo quitaron el cuerpo de Jesús de la cruz para sepultarlo.
Simón estaba contaminado ceremonialmente y no podía participar en la Pascua en el templo. De modo que se quedó en Jerusalén. Oyó los comentarios de la gente. Pensó que quizá la muerte de Jesús afectaría la fe de sus hijos; tal vez la perderían.
Pero Simón encontraría una sorpresa. Después de la resurrección de Jesús estudiaría las Escrituras para informarse acerca del Mesías. Se uniría a sus dos hijos y se convertiría en uno de sus discípulos. Nunca dejaría de relatar aquella historia a todo el que quisiera escucharla. Después de aquel viernes, no se cansaría de agradecer a Dios por haberlo escogido para llevar la cruz de Jesús.
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Lección de Escuela Sabática para INTERMEDIARIOS
2do Trimestre 2023
Lección 1: «LA INESPERADA CRUZ DE SIMÓN»
Colaboradores: Israel Esparza & Karla González
