“Lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡Y no hay nada nuevo bajo el sol!”. Ecl. 1: 9, NVI
Cuando paso frente a ciertas iglesias siempre estoy listo para ver algún juego de palabras publicado en su cartelera externa:
No seas como el último que entró al arca de Noé: el delfín.
Tenemos wifi gratis, ¡tómalo como una señal divina!
La preocupación es un cuarto oscuro donde se revelan los negativos.
Bueno, ese último me gusta. No es un mal chiste; de hecho parece una frase que Salomón habría escrito si hubiera estado de humor y hubiera conocido las cámaras de rollo fotográfico. Lo que viene a decir esa frase es: «La vida es dura, pero no te concentres en los problemas; deja que esta iglesia te ayude».
Jesús dijo a sus discípulos que hace falta más que palabras para entrar en su reino. Dijo: «No todos los que me dicen: «Señor, Señor», entrarán en el reino de los cielos, sino solamente los que hacen la voluntad de mi Padre celestial. Aquel día muchos me dirán: «Señor, Señor, nosotros comunicamos mensajes en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros». Pero entonces les contestaré: «Nunca los conocí; ¡aléjense de mí, malhechores!»» (Mat. 7: 21-23).
Al describir a aquellas personas que presumían de religiosidad pero cuya religión era meramente superficial, Jesús citó a Isaías: «Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí» (Mat 15: 8). Dios quiere más que nuestra adoración de labios para afuera, o que llevemos su nombre en una camiseta o en una calcomanía del parachoques del auto. Él quiere nuestro corazón.
Y hagas lo que hagas, no seas una imitación religiosa. Sé original, tal como Dios te hizo.
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2021
“NO SE TRATA DE MÍ, SE TRATA DE TI”
Por: Tompaul Wheeler
Colaboradores: Gisela Barbosa & Antonia H