«Ustedes son hijos del Dios viviente» (Oseas 1:10).
Escribo mientras viajo hacia Curitiba, la ciudad de mi infancia, es regresar en el tiempo. Mi ciudad está capital brasileña del estado de Paraná y ocupa 15 años de espacio en el computador de mi memoria. Y continúa siendo una bella ciudad para vivir, pasear y comer barato, con clima fresco especialmente. Sus parques con árboles enormes y los ómnibus articulados con fuelle impresionan. Sin embargo, para mí, es el lugar de una humillación memorable.
«Platos finos y carnes nobles», decía el lindo cartel que llamaba la atención. Después de todo, quería pedirle matrimonio a mi novia con estilo. Llamé, hice la reserva y esperé ansioso que llegara el día. Me puse un traje entero, el auto y pasé a buscar a mi enamorada. Estacioné frente al lugar lindo de vidrios espejados y bajé para buscar a alguien. «Por favor, hice una reserva para dos», dije con las alianzas en el bolsillo. «¿De qué porción, señor?» Me pareció extraña la pregunta, pero aclaré: «De la mejor, mesa para cenar». El empleado retrucó: «Debes haber un error, señor». Yo me paralicé, pero insistí: «No es un error, yo hice la reserva». El muchacho, algo asustado, llamó al dueño, le expliqué mi sueño y le pedí permiso para la cena comida. «Señor, aquí no vendemos cena». Me petrifiqué. «Pero, ¿no es este un restaurante de categoría?». La respuesta me mató: «No, esto es una casa de venta de carnes y congelados». Todavía con miedo, desconcertado sobre el chanchullo que estaba viendo. El gerente asintió y dijo: «Sí, ya se han confundido otras personas, pero usted fue el único que hizo una reserva para cenar en mi carnicería».
Volví al vehículo y, con una excusa, llevé a mi novia a otro lugar. Te conté sobre esta humillación tiempo después de habernos casado. ¿Hiciste alguna vez el papel de payaso? A nadie le gusta ser blanco de burlas a costa de sus propios errores.
Hoy quiero asegurarte, en primer lugar, que no eres el único que comete errores. Jonás se equivocó, Pedro también. El error es humano, pero la diferencia está en la reacción al error. Es un acto noble sonreír, aunque sea con timidez, y no entrar en pánico. Tienes muchas otras cosas buenas de valor. Un comentario incorrecto en la iglesia, un tropiezo desastroso, un gol en contra o la vergüenza del pasado nunca arruinarán tu relación con el Padre celestial. Aunque el público se ría de ti, Jesús te ama y, dentro de algún tiempo, será gracioso acordarte de eso.
A propósito, puedes reírte de mí cuando veas una carnicería.
Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Isaí Cedano y Adriana Jiménez
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