«Bienaventurados los mansos, porque recibirán la tierra por heredad». Mateo 5: 5

Un espíritu manso y sereno no estará siempre buscando la felicidad propia, sino que procurará olvidarse de sí mismo y encontrará dulce contentamiento y verdadera satisfacción en hacer felices a otros.— Ibíd., p. 588.
El Redentor del mundo era de una naturaleza muy superior a la de un ángel, pero unidas a su majestad divina, había mansedumbre y humildad que atraían a todos. […] La mansedumbre de Cristo manifestada en el hogar hará felices a los miembros de la familia. No incita al enfrentamiento, no responde con ira, sino que calma el mal humor y promueve una amabilidad que sienten todos los que están dentro de su círculo maravilloso. Dondequiera que se la abrigue, hace de las familias de la tierra una parte de la gran familia celestial.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, pp. 32-35.
Mi Reflexion Personal
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Devocional Vespertino Para 2017.
“Una Religion Radiante”
Por: Elena G. de White