miércoles , 15 abril 2026
Matinal de Adolescentes 2025

La humildad

 

«Entonces sus criados se acercaron para aconsejarle: «Señor, si el profeta le hubiera mandado hacer algo complicado, ¿usted no le habría hecho caso? ¡Con más razón si lo único que le dice a usted es que se zambulla, y así quedará limpio!»» (2 Reyes 5:13).

En la Biblia encontramos la historia de Naamán, un valiente general del ejército sirio que sufría de lepra. A pesar de su posición y prestigio, Naamán no lograba encontrar cura para su enfermedad. La noticia de un profeta en Israel que podía sanar enfermedades llegó a sus oídos, y decidió buscar ayuda.

Naamán llegó a Israel con una gran expectativa, pero su orgullo y arrogancia se interpusieron en el camino hacia la sanidad. Esperaba que el profeta Eliseo lo recibiera y que este realizara un gran acto para sanarlo. Sin embargo, en lugar de eso, Eliseo simplemente le envió un mensaje a través de su sirviente diciéndole que se lavara siete veces en el río Jordán.

Inicialmente, Naamán se sintió ofendido y desilusionado por la simpleza de la instrucción. Pero sus siervos le recordaron que si el profeta le hubiera pedido algo más grande, seguramente lo habría hecho. Naamán, finalmente, decidió humillarse y obedecer la palabra de Dios a través del profeta. Se sumergió siete veces en el río, y Naamán fue completamente sanado de su lepra.

La historia de Naamán nos enseña la importancia de la humildad y la obediencia a la Palabra de Dios. A veces podemos vernos tentados a buscar soluciones complicadas y grandiosas para nuestros problemas espirituales o emocionales. Pero Dios nos llama a ser humildes y obedientes, y a confiar en sus instrucciones incluso cuando no las entendemos del todo.

Cuando Naamán se humilló y obedeció la palabra de Dios, experimentó la sanación de su enfermedad. Del mismo modo, cuando nos humillamos y obedecemos la Palabra de Dios, experimentamos su sanidad y salvación. Dios nos llama a confiar en él y a seguir sus instrucciones, incluso cuando parezcan simples o ilógicas.

Que nuestra vida refleje la fe y la humildad de Naamán, confiando en Dios y siguiendo sus instrucciones, incluso cuando no entendemos sus planes.

Oración: Querido Dios, permíteme experimentar tu poder sanador en mi vida. Ayúdame a confiar en ti y a seguir tus instrucciones. Amén.

Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2025
“MEGAVALIOSOS»
Por: Andrés J. Peralta

Colaboradores: Jhygceli Dávila y Adriana Jiménez

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