Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo dijo: «Padre, la hora ha llegado: glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti»._Juan 17: 1_
Era de noche cuando Jesús pronunció estas palabras. Una de las noches más tristes del mundo. El maestro reunió a los discípulos y después de animarlos hizo una oración intercesora en su favor. El texto bíblico dice que «levantando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, la hora ha llegado’ «. ¿La hora de qué? De ser glorificado. ¿Cómo? En la humillante muerte de cruz. Desde pequeño Cristo sabía por qué había venido al mundo. El sentido de su misión acompañó cada uno de sus actos en la tierra. De noche y de día sus ojos se dirigían al Calvario. Era allí donde un día tendría que ofrecer la vida para salvar a la humanidad. Su instinto de conservación tal vez le dijese que podía abandonar todo, pero su amor por ti y por mí era mayor que la vida y la muerte. Nada lo haría desistir de su misión. El trigo debía caer en la tierra y morir, para germinar y producir muchos frutos. Y Él estaba dispuesto a morir.
Por eso, levantó los ojos al cielo y exclamó: «La hora ha llegado».
¿Alguna vez pensaste que en la vida de todos nosotros un día llega la hora? Parece un principio de vida. Es en el dolor donde el ser humano de hace fuerte. Es el fuego lo que purifica el oro, y es muriendo como realmente se descansa.
¿Será, por ventura, que en este momento sientes que llegó tu hora? ¿Las tinieblas de la noche que vives están más oscuras que nunca? ¿Tu Getsemaní parece no tener fin, y allá abajo tus enemigos te esperan, listos para destruirte? No tengas miedo. Haz como Jesús, levanta los ojos al cielo y di: «Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti».
Los hombres pueden matar tu cuerpo, pero nunca tu capacidad de soñar. Podrán enterrarte por uno o dos días, pero al tercer día resucitarás, renacerás de las cenizas, te levantarás del fracaso. Y tus enemigos entenderán que tu Dios es omnipotente.
No huyas, no te entregues, no te rindas. Si la hora llegó, enfréntala, y que Dios glorifique a su hijo. Finalmente, Jesús no vino a este mundo solamente para salvarnos, no vino únicamente para enseñarnos a obedecer, vino también para enseñarnos cómo sufrir y cómo morir con dignidad. Vino a enseñarnos a mirar más allá de la cruz, hacia el tercer día, hacia el glorioso día de la resurrección, el día de la victoria y de la vida.
Tómate del brazo poderoso de Jesús y camina hoy con Él.
_Por Alejandro Bullón_
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“A Solas Con Jesus”
