«La angustia desalienta el corazón del hombre, pero una palabra alentadora lo anima» (Proverbios 12:25, NBV).
Ermenegildo era un adolescente tan raro como su nombre: siempre andaba solo, llegaba tarde a la escuela y con cara triste y, si el profesor le hacía una pregunta, él se le quedaba mirando sin responder.
Un día, el profesor de ciencias pidió hacer un trabajo por parejas y puso a Emely con Ermenegildo. Emely es una chica a la que le gusta sacar buenas notas, así que deseaba que el trabajo les saliera bien, aun si eso significaba que ella tuviera que hacerlo sola. Sin embargo, se llevó una gran sorpresa: Ermenegildo era buenísimo haciendo trabajos de ciencias, y nadie lo sabía. ¡Sacaron la mejor nota de la clase!
Cuando el profesor dio las notas en voz alta para toda la clase, Emely se levantó y dijo: «Quiero que sepan que todo el trabajo lo hizo Ermenegildo. Aunque yo quería aportar algo, él lo tenía todo controlado». A partir de ese día, Ermenegildo fue menos tímido y se juntó más con sus compañeros, que pudieron verle como realmente era.
Todo cambió gracias a las palabras de elogio de Emely.
El héroe sabe expresar elogio sin sentirse menos por ello. Sabe que, con sus palabras, puede animar o desanimar a otra persona, y decide utilizarlas para animar. ¿A quién puedes animar tú en el día de hoy?
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
“HÉROES Y VILLANOS”
Por: «RAÚL LOZANO»
Colaboradores: Lisseth Orduz y Claudia Escamilla.
