«Toda la ley se resume en este solo mandato: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”» (Gálatas 5: 14).
Tilly Smith disfrutaba de unas vacaciones con su familia en la playa de Maikhao, Tailandia. De pronto, esta niña británica, que en aquel entonces solo tenía diez años de edad, notó algo extraño: el agua del mar comenzó a retroceder rápidamente, dejando expuestas grandes extensiones de arena. Tilly recordó algo que su maestra, la señora Ford, les había enseñado apenas dos semanas antes: esa era una señal de tsunami.
Rápidamente, Tilly comprendió lo que estaba sucediendo, y corrió hasta sus padres para contárselo. Al principio ellos no creían que pasara nada extraño, pues no veían grandes olas en el mar, pero como Tilly insistió tanto y con tanta seriedad, los convenció de que debían hacer algo. Empezaron a advertir a todos los que estaban en la playa, diciéndoles que fueran a buscar refugio en algún lugar elevado.
Gracias a Tilly, cien personas lograron escapar a tiempo y salvar la vida. Si se hubieran quedado en la playa, hubieran muerto.
A veces, uno se da cuenta de algo, pero no se lo dice a nadie. Eso es egoísta.
Bien sea que se trate de algo bueno o de algo malo, díselo a los demás. Si es bueno, disfrutarán juntos; si es malo, tu aviso puede evitarle un sufrimiento a otra persona. ¡Serás un héroe!
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Liseth Orduz y Claudia Escamilla
