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Devocion Familiar 2018

LA HERMOSURA DEL AYUNO

 

Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre.
S.Mateo 4:2

   Mientras realizábamos un campamento, vi que cierto joven conversaba animadamente con otros durante el almuerzo, pero no comía.
-¿Ya almorzaste? – le pregunté.
– No pastor, hoy no voy a almorzar porque estoy ayunando – fue su respuesta.
Después me explicó que aunque tenía hambre, le había prometido a Dios que ese día ayunaría para que Dios lo ayudara a resolver un problema.
¿El ayuno consiste en el acto de no comer? ¿O dejamos de comer porque en el ayuno hay algo mucho más sublime entre Dios y nosotros? Veamos el siguiente comentario acerca del ayuno: «Cristo ayunó mientras estaba en el desierto, pero era indiferente al hambre. Cristo, en constante oración ante su Padre, con el fin de prepararse para resistir al adversario, no sintió las angustias del hambre. Pasó el tiempo en ferviente oración, apartado con Dios. Era como si hubiera estado en la presencia de su Padre. Buscaba fortaleza para hacer frente al enemigo, para tener la seguridad de que recibiría gracia para llevar a cabo todo lo que había emprendido en favor de la humanidad. El pensamiento de la contienda que estaba ente Él hizo que se olvidara de todo lo demás, y su alma fue alimentada con el pan de vida, así como serán alimentadas hoy las almas tentadas que van a Dios en busca de ayuda… Se vio a sí mismo curando enfermos, consolando a los desesperanzados, reanimando a los abatidos y predicando el Evangelio a los pobres: haciendo la obra que Dios había diseñado para él; y no sintió ningún apremio de hambre hasta que terminaron los cuarenta días de su ayuno. La visión terminó, y entonces con anhelo vehemente la naturaleza humana de Cristo pidió alimento» («Comentarios de Elena G. de White», Comentario bíblico adventista, t. 5,pág. 1056).
Cristo no luchó contra el hambre en ningún momento de su ayuno. Dios no iba a responder su oración por el hecho de que estuviera pasando hambre. El Padre no se alegraba con el hambre del Hijo, sino con su compañía. La compañía del Padre para Jesús era de tanto significado que el alimento pasaba a un segundo plano.
Los que, por vivir una vida de comunión diaria con Jesús, son cada día más semejantes a él, nunca perderán de vista la esencia de las cosas para concentrarse en las exterioridades. Cuando en un día de ayuno, que debe ser un día especial de comunión con Jesús, dejar de comer llega a ser más importante que el compañerismo divino, alguna cosa está equivocada y debe ser corregida urgentemente. En el verdadero ayuno cristiano, Dios debe ocupar el centro de todos nuestros pensamientos y sentimientos. El estudio de su Palabra y la meditación deben absorbernos de tal modo que «no deberíamos sentir las angustias del hambre».

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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por Alejandro Bullón

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