Se espera que un verdadero seguidor de Cristo luche con las mismas armas que él usó. Los fundadores de otras religiones populares del mundo conquistaron tierras, lucharon con espadas y legaron grandes riquezas a sus discípulos, pero Jesús nunca luchó en un campo de batalla físico, nunca se sentó en un trono terrenal y no legó riquezas mundanales a sus seguidores. Rechazó las armas de la intimidación, la fuerza y la violencia. Su misión solo podía cumplirse con amor, bondad y verdadera capacidad de convicción.
De principio a fin, Jesús valoró enormemente la dignidad humana y la libertad de elección. No hay mayor prueba de que un profeso discípulo de Cristo ha abandonado a su Señor para servir a otro amo que el hecho de que abandone sus métodos de amor y recurra al uso de la fuerza. Utilizar la crueldad en nombre de Cristo es posiblemente el mayor autoengaño en el que se puede caer. Jesús advirtió de este asombroso engaño cuando dijo: «Los expulsarán de las sinagogas, y aun llegará el momento en que cualquiera que los mate creerá que así presta un servicio a Dios» (Juan 16: 2). Jesús predijo los abusos más atroces de la religión por parte del hombre.
Jesús defendió la libertad religiosa porque comprendía perfectamente la naturaleza humana y el libre albedrío. Cuando dijo: «No tengan miedo de los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma» (Mateo 10: 28), dejó claro que la elección personal es lo único que definirá el destino de una persona. Sabía que la fuerza nunca puede cambiar las creencias más íntimas de una persona: no se nos puede obligar a pecar o a dejar de pecar. Solo podemos salvarnos o perdernos según elijamos o no cooperar con Dios. A los disidentes no se les puede corregir con la fuerza; desde luego, Cristo ha declarado este método totalmente ajeno a los principios de su reino.
Si no se respeta el libre albedrío, los seres humanos se convierten tanto en receptores como en ejecutores de la subyugación y la crueldad. Jesús vino a restaurar la imagen de Dios en la humanidad, y Dios tiene libre albedrío. Por lo tanto, la humanidad no puede reflejar su imagen a menos que se proteja y honre el libre albedrío. Todos los que se unen a la misión de Cristo de restaurar la imagen de Dios en la humanidad trabajarán para proteger el libre albedrío humano.
Aprendemos del Maestro esta regla de oro: «Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes; porque en eso se resumen la ley y los profetas» (Mateo 7: 12). Si todas las personas siguieran dicha regla, el mundo estaría libre de problemas concernientes a la libertad religiosa. Los líderes de las religiones dominantes se pondrían en el lugar de las religiones minoritarias y las tratarían bien, como ellos querrían ser tratados si se invirtieran los papeles. Habría un vínculo de simpatía y hermandad entre personas de diversas tradiciones religiosas, incluso entre las que están más en desacuerdo. Los cristianos, en particular, deberían obedecer las directrices de Jesús y tratar a las demás religiones con amabilidad y respeto; de nuevo, como ellos querrían ser tratados si pertenecieran a esa religión. Especialmente en lugares donde el cristianismo es la cosmovisión dominante, los cristianos deben tener cuidado de no pisotear los derechos de otras religiones. Por pequeño que sea el grupo de creyentes, debemos dar siempre a las demás religiones la misma protección que deseamos para los cristianos que viven en naciones musulmanas o hindúes.
Medita nuevamente en Mateo 13: 24-43 y busca a Jesús en el pasaje.
- ¿De qué maneras honró Jesús el libre albedrío de las personas?
- Para meditar y orar: ¿cómo respondes al ver a Jesús de esta manera?
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Lección de Universitarios 2024
1er Trimestre 2024 «JESÚS Y LA LIBERTAD»
Lección #3: «¿CÓMO TRATAR A LOS DISIDENTES?»
Colaboradores: Joaquín Maldonado & Mayra

