«Por tanto, no desmayarnos; más bien, aunque se va desgastando nuestro hombre exterior, el interior, sin embargo, se va renovando de día en día». 2 Corintios 4:16, RVA15
SE NECESITA UNA CONVERSIÓN genuina, no una vez en años, sino diariamente. Esta conversión pone al ser humano en una nueva relación con Dios. Abandona las cosas viejas, sus pasiones naturales y sus tendencias hereditarias y cultivadas hacia el mal, para renovarse y santificarse. Pero esta obra ha de ser continua, porque mientras exista Satanás, él se esforzará para llevar a cabo su tarea. El que se esfuerza por servir a Dios encontrará una fuerte corriente hacia el mal. Su corazón necesita ser protegido por una vigilancia y una oración constantes, o cederá a la presión del mal; y como una corriente impetuosa, la tendencia oculta hacia el mal desbaratará la protección. Ningún corazón renovado puede mantenerse tierno sin la aplicación diaria de la sal de la Palabra. Debe recibirse diariamente la gracia divina, o ningún ser humano permanecerá convertido. […]
Tenemos que rechazar sin vacilación todas las tentaciones que invitan a alejarnos de los principios puros y santos. Debe haber una firme adhesión a los principios correctos. […]
Todo el que ama a Dios tendrá que experimentar dificultades. El Señor no realiza un milagro para prevenir estas pruebas, para escudar a su pueblo de las tentaciones del enemigo. […] Debemos desarrollar un carácter que decida la actitud de la familia humana hacia el hogar celestial, un carácter que permanezca firme ante la presión de las circunstancias desfavorables en la vida privada y pública y que, bajo las tentaciones más severas, mediante la gracia de Dios permanezca animoso y fiel, que sea firme como una roca a los principios, y que salga de las fieras pruebas teniendo más valor que el oro de Ofir. Dios dará su aprobación y considerará como sus electos a aquellos que posean este carácter. […]
El Señor no acepta un servicio indiferente. Lo exige todo de los seres humanos. La religión debe entrar en todas las fases de la vida, se ha de llevar a toda clase de trabajo. Todo el ser tiene que estar bajo el control de Dios. No podemos pensar que por nuestras propias fuerzas podemos controlar nuestros pensamientos. Debemos subyugarlos a Cristo. El yo no puede manejar al yo; no es capaz de realizar por sí mismo esa obra. […] Únicamente Dios puede hacernos y mantenernos leales. — The Review and Herald, 14 de septiembre de 1897.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lety Aguilar & Martha González.

