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“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.” Apocalipsis 3:5

La primera tarea fue proveer a nuestras hijitas de todo lo necesario para enfrentar el terrible frío, acondicionar la casa para que se mantuviera caliente y acostumbrarnos a hacer las tareas cotidianas aun con frío.
Como eso significó mucho gasto, yo usaba con frecuencia un traje verde, bien abrigoso, que combinaba con diferentes pulóveres y con el que iba a la iglesia sábado tras sábado. Lo que no sabía era que alguien me identificaba como “¡la del trajecito verde!”
Meses después, entrado el verano, cuando me enteré de cómo me habían identificado, me reí mucho, pero esa expresión me ha acompañado y me ha hecho reflexionar. ¿Cómo me conocen los que me rodean? ¿Cómo me identifico ante ellos? ¿Tengo la vestimenta blanca del amor de Jesús en mi corazón? ¿Testifico para ser reconocida como una hija de Dios, representándolo dignamente? ¿Mi comportamiento cristiano habla más fuerte que mis palabras? ¿O soy reconocida por mi vestimenta habitual, mi comportamiento no deseable, mi impaciencia, mis críticas, mis desaires a la gente, y por cuanta cosa fea hay en mí?
¡Qué gran responsabilidad la que Dios nos ha delegado! Ser luces en un mundo oscuro, la sal que da sabor a la tierra, perfume en un lugar pestilente. ¿Soy igual a los demás y voy por la vida sin que nadie lo note? ¿O soy esa persona que ama a Jesús, lo representa y lo refleja en todo?
Querida amiga, que Dios nos ayude cada día a representarlo dignamente y por su gracia ser transformadas día a día, para que cuando Jesús regrese nos encuentre listas para ir a vivir con él por la eternidad. Que podamos ser identificadas por el espíritu de humildad y amor de Cristo y la gente que nos rodea se sienta feliz de tenernos a su lado.
María del Pilar Calle de Hengen, Uruguay
Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen