Contemplad por la fe las coronas atesoradas para los que vencerán; escuchad el canto de triunfo de los redimidos: ¡Digno, digno es el Cordero que fue muerto y nos ha redimido para Dios! Esforzaos por considerar estas escenas como reales. Esteban, el primer mártir cristiano, en su terrible conflicto con los principados y las potestades y las malicias espirituales en lugares encumbrados, exclamó: “He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios”.* Le fue revelado el Salvador del mundo como si estuviese contemplándolo desde el cielo con el más profundo interés, y la luz gloriosa del rostro de Cristo brilló sobre Esteban con tal fulgor, que hasta sus enemigos vieron que su rostro resplandecía como el rostro de un ángel.
Si permitiésemos que nuestras mentes meditasen más en Cristo y en el mundo celestial, hallaríamos un estímulo y un apoyo poderoso para pelear las batallas del Señor. El orgullo y el amor al mundo perderán su poder al contemplar las glorias de esa tierra mejor que tan pronto será nuestro hogar. Junto a la belleza de Cristo, todos los atractivos terrenales parecerán de poco valor.
*Hechos 7:56.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
“Capítulo 30”
Por: Elena G De White
Colaboradores:Liseth Orduz & Nay Badillo
