EL PERDÓN DE DIOS
«Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para alcanzar la justicia, pero con la boca se confiesa para alcanzar la salvación. Pues la Escritura dice: «Todo aquel que cree en él, no será defraudado». Porque no hay diferencia entre el que es judío y el que no lo es, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que lo invocan». Romanos 10: 9-12, RVC

SI LOS CRISTIANOS PUDIERAN SABER cuántas veces el Señor les allanó el camino, para que los propósitos del enemigo se vieran frustrados, no seguirían tropezando y quejándose. Su fe en Dios se estabilizaría, y ninguna prueba podría desviarlos. Lo reconocerían como su sabiduría y su eficiencia, y él haría que se cumpliera lo que él desea realizar por medio de ellos.— Profetas y reyes, cap. 46, p. 385.
Las condiciones para obtener la misericordia de Dios son sencillas y razonables. El Señor no requiere que hagamos nada doloroso a fin de obtener el perdón. No necesitamos hacer largas y agotadoras peregrinaciones o cumplir penosas penitencias para encomendamos a él o para pretender expiar nuestra transgresión. El que «confiesa y se aparta» de su pecado «alcanzará misericordia» (Prov. 28: 13).
En los atrios celestiales, Cristo intercede por su iglesia, intercede por aquellos para quienes pagó el precio de la redención con su sangre. Los siglos sin fin no podrán menoscabar la eficiencia de su sacrificio expiatorio. «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Rom. 8: 38-39); y eso no se debe a que nosotros nos hayamos aferrado a él con toda firmeza, sino porque él nos sostiene con seguridad.
Si nuestra salvación dependiera de nuestros propios esfuerzos, no podríamos ser salvos; pero ella depende de Uno que cumple todo lo que promete. Aferrarnos a él, puede parecer débil; pero su amor es como el de un hermano mayor; mientras mantengamos nuestra unión con él, nadie podrá arrancamos de su mano.— Los hechos de los apóstoles, cap. 54, pp. 411-412.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
«FAMILIARIZÁNDONOS CON LA MISERICORDIA DE DIOS»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
