Lee Isaías 56:11. ¿De qué pecado nos advierte?
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respirar. Y tan natural, también. Sin embargo, es difícil imaginar algo en el
carácter humano que refleje menos el carácter de Cristo que la codicia. “Porque
ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se
hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”
(2 Cor. 8:9).
Solo el Señor conoce el daño que la codicia ha causado a lo largo de la
historia. La codicia ha derivado en guerras. La codicia ha hecho que la gente
cometa delitos que acarrearon la ruina sobre sí misma y sus familias. La codicia
puede ser como un virus que se aferra a su huésped y consume todas las
virtudes hasta que todo lo que queda es cada vez más codicia. La avaricia es
una enfermedad que lo quiere todo: pasión, poder y posesiones. Nuevamente,
lo veo, lo quiero, lo tengo.
Lee Mateo 26:14 al 16. ¿Qué podemos aprender del poder de la codicia
en esta triste historia
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Observa las palabras de Judas: “¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?”
(Mat. 26:15). ¡Hablando de permitir que la codicia invalide todo lo demás! Judas
había sido un privilegiado como pocos en toda la historia: vivió con el Jesús
encarnado, presenció sus milagros y lo oyó predicar las palabras de vida. Y, sin
embargo, mira lo que la avaricia y la codicia lo indujeron a hacer.
“¡Cuán tiernamente obró el Salvador con aquel que habría de entregarlo!
En sus enseñanzas, Jesús se espaciaba en los principios de la benevolencia que
herían la misma raíz de la avaricia. Presentó ante Judas el odioso carácter de
la codicia y, más de una vez, el discípulo se dio cuenta de que su carácter había
sido pintado y su pecado señalado; pero no quería confesar ni abandonar su
injusticia” (DTG 261).
¿Quién, si no se cuida, no manifiesta alguna codicia en su propio carácter? ¿Cómo
podemos, por la gracia de Dios, mantener bajo control esta tendencia natural?
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Lección de Escuela Sabática Para Adultos 2018. 1er trimestre 2018
“MAYORDOMÍA: LAS MOTIVACIONES DEL CORAZÓN”
Lección 2: «LO VEO, LO QUIERO, LO TENGO»