¿Por qué era la circuncisión un punto tan importante en la disputa entre Pablo y ciertos cristianos judíos? Ver Gén. 17:1-22; Gál. 2:3-5; 5:2, 6; Hech. 15:1, 5. ¿Por qué es fácil entender cómo algunos podrían haber creído que incluso los gentiles debían circuncidarse?
La circuncisión era la señal de la relación de pacto que Dios estableció con Abraham, el padre de la nación judía. Aunque la circuncisión era solamente para los descendientes varones de Abraham, todos estaban invitados a entrar en una relación de pacto con Dios. La señal de la circuncisión fue dada a Abraham en Génesis 17. Esto ocurrió después del intento desastroso de Abraham, al tener un hijo con la sierva egipcia de su esposa, de ayudar a Dios a cumplir la promesa que le hiciera de tener un hijo.
La circuncisión era una señala adecuada para el pacto. Era un recordatorio de que los mejores planes humanos nunca pueden lograr lo que Dios ha prometido. La circuncisión exterior había de ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Deut. 10:16; 30:6; Jer. 4:4; Rom. 2:29). Representa dejar de lado la confianza en nosotros mismos y, en su lugar, depender fielmente de Dios.
En tiempos de Pablo, sin embargo, la circuncisión se había convertido en una señal preciada de identidad nacional y religiosa; eso no era lo que debía representar originalmente. Alrededor de 150 años antes del nacimiento de Jesús, algunos patriotas por demás celosos no solamente forzaron a todos los judíos no circuncidados de Palestina a circuncidarse, sino que también lo requirieron a todos los hombres que vivían en las naciones circundantes que estaban bajo su jurisdicción. Algunos hasta creían que la circuncisión era un pasaporte para la salvación. Esto puede verse en inscripciones antiguas que confiadamente declaran cosas como: “Los hombres circuncidados no descienden al Gehenna [infierno]”.— C. E. B. Cranfield, A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Romans, p. 172.
Sería un error suponer que Pablo se oponía a la circuncisión misma. Lo que Pablo objetaba era la insistencia de que los gentiles debían someterse a la circuncisión. Los falsos maestros decían: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (Hech. 15:1). El problema, entonces, no tenía que ver realmente con la circuncisión, sino con la salvación. La salvación es o solamente por la fe en Cristo, o algo que se puede obtener por la obediencia humana.
Quizás hoy el problema no es la circuncisión. ¿Pero con qué cosas, si las hay, luchamos como iglesia, que se asemejan a este problema?
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TOMADO DE:
Lección de Escuela Sabática Para Adultos.
3er Trimestre. EL EVANGELIO EN GÁLATAS.
Lecc. 03. “La Unidad Del Evangelio“.
