Lee Marcos 3:28 y 29; Lucas 12:10; y Mateo 12:31 y 32. Si todos los pecados y las blasfemias pueden ser perdonados, ¿qué es lo que no puede ser perdonado?
Quizás ningún otro pecado ha causado tanta incertidumbre y angustia entre los cristianos y ha sido más malentendido que la blasfemia contra el Espíritu Santo. Algunos piensan que Jesús tiene en mente algunos pecados específicos que son particularmente graves.
Haríamos bien en recordar, sin embargo, que todos los pecados son infames ante Dios, aun cuando algunos pecados puedan tener consecuencias más drásticas que otros. Pero ¿qué quiso decir Jesús cuando habló acerca del pecado imperdonable?
En realidad, ninguno de estos textos dicen que este pecado no puede ser perdonado; simplemente que no será perdonado.
Recordemos: la obra del Espíritu Santo es llevar a los pecadores a una concientización de su pecado y despertar en ellos el deseo de aceptar a Jesús, el único que puede perdonar pecados.
La blasfemia contra el Espíritu Santo, por lo tanto, debe ser entendida como una repudiación deliberada y persistente a la obra salvífica de Jesús. Ocurre cuando un individuo voluntariamente y obstinadamente resiste al testimonio del Espíritu sobre Cristo y su salvación y gracia.
Jesús no está hablando acerca de proferir palabras soeces y difamatorias. La blasfemia contra el Espíritu Santo es cometida únicamente en el contexto de una actitud de persistente incredulidad y abierta hostilidad hacia Jesús. Blasfemar contra el Espíritu Santo no es un episodio o acción específica; es un modo de vida determinado.
“En lugar de recibir la evidencia presentada delante de ellos, en lugar de reconocer en las obras de Cristo el ungimiento del Cielo, se aferraron obstinadamente a sus propósitos malvados y dijeron: ‘Él llevó a cabo esta maravillosa obra por medio del diablo’. Este fue el pecado contra el Espíritu Santo” (LLM 156).
Cuando el corazón humano está fijado en oposición obstinada hacia Dios y, por ende, rehúsa conscientemente darle a Jesús el lugar que merece, el corazón se endurece y no reconoce la verdad del testimonio del Espíritu Santo del sacrificio salvador de Jesucristo.
Este pecado está más allá de las posibilidades de perdón, no porque Dios no tenga el poder o la voluntad para perdonarlo, sino porque la persona es incapaz de reconocer su pecado. Por lo tanto, esa persona no acepta el perdón en Jesús. Esta actitud, por supuesto, tiene consecuencias eternas.
¿Cómo podemos estar seguros de que, más allá de lo que profesamos acerca de nosotros mismos, no estamos viviendo en oposición a Dios y resistiendo el Espíritu Santo? (Ver, por ejemplo, 1 Juan 5:3 y Rom. 8:14).
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Lección de Escuela Sabática.
EL ESPÍRITU SANTO Y LA ESPÍRITUALIDAD
Lecc. 11. Entristecer Y Resistir Al Espíritu.
