“Todas las partes del cuerpo, hasta las más sencillas, son muy importantes y necesarias” (1 Cor. 12:2, PDT).
“El amor no es un don entre muchos otros, sino el medio por el cual todos los dones cumplen su propósito”. Hyunsok John Doh

Se cuenta que, hace siglos, se organizó en una iglesia de Austria un concierto de órgano de tubos. El encargado de deleitar a la audiencia era un organista de fama internacional. Llegado el día, los asistentes llenaron los bancos y sonaron los primeros acordes. El sonido del órgano, el buen hacer del organista y las piezas elegidas, emocionaran a todos. Entonces, llegó el intermedio. Un hombre cuya tarea era mover los fuelles que alimentaban de viento al órgano, le dijo muy satisfecho al organista:
—¡Vaya concierto más soberbio el que estamos dando esta noche!
El famoso organista se molestó, y comentó:
—¿“Estamos” dando? ¿No querrá usted decir “que yo estoy dando”?
—¡Usted perdone, maestro! —le respondió el hombre. Y se fue.
Incluso dentro de la iglesia, nos cuesta aceptar que todos los dones son importantes, porque tendemos a considerar unos superiores a otros en función de lo impresionantes que son. Pero el don que importa es el don del amor de Dios, que nos concede talentos para que, juntos, edifiquemos su iglesia, ese cuerpo en el que cada miembro, y especialmente los más sencillos, son importantes y necesarios. De esto nos habla Pablo en 1 Corintios 12.
Precisamente comentando 1 Corintios 12, el Comentario bíblico de Andrews afirma: “La iglesia cruza las fronteras de género, estatus social, clase u origen étnico: hombres y mujeres, ricos y pobres, esclavos y libres, judíos y gentiles. Es solo en esta unidad en la diversidad que Cristo puede ser plenamente representado ante el mundo. Ningún miembro del cuerpo de Cristo debería nunca decirle a otro miembro que él o ella no es necesario. Para prevenir a los corintios de tal manera que no buscaran tener los dones que creían más espectaculares, personalmente gratificantes o que conllevaban mayor honor, Pablo les dijo que hay un camino mucho mejor” (p. 1643). Ese camino es el amor, precisamente el tema del capítulo 13, al cual el 12 sirve de introducción.
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Colaboradores: Milenia de la Rosa y Adriana Jiménez