«Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro» (Números 22:31).
Desesperado por dinero, un joven asaltó una tienda a pesar de que su conciencia le decía que lo que hacía era equivocado. Antes que pasara mucho tiempo cometió más y más crímenes, y mientras más lo hacía, menos le molestaba. Mientras más lo hacía, le parecía menos mal. Finalmente, se hizo inmune a su culpa por los robos.
¿Por qué llegó a ser inmune a su culpa?
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¿Realizas acciones sin sentirte culpable, que antes pensabas eran equivocadas? De ser así, ¿Qué produjo el cambio? ¿Habrá alguna manera de revertir tu conciencia a su antigua forma de ser? ¿Te gustaría hacerlo?
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¿Sientes que eres más como Balaam, o como el asna, cuando se trata de tu relación con Dios?
Pondera tus acciones. Considera si participas o no participas de acciones que una vez pensaste que eran pecaminosas pero que ahora sientes que son inofensivas. ¿Cómo nos podremos proteger de caer en esa trampa? Balaam era codicioso; quería las riquezas que los moabitas le ofrecían, aun cuando sabía que maldecir a los israelitas no era la voluntad de Dios. ¿Cómo podremos mantener claro en nuestra mente lo que es bueno y lo que es malo?
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