Fue Cristo quien habló a su pueblo por medio de los profetas. El apóstol Pedro, escribiendo a la iglesia cristiana, dice que los que “profetizaron de la gracia que había de venir a vosotros, han inquirido y diligentemente buscado, escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir a Cristo, y las glorias después de ellas”. 1 Pedro 1:10, 11. Es la voz de Cristo la que nos habla por medio del Antiguo Testamento. “Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Apocalipsis 19:10.
En las enseñanzas que dio cuando estuvo personalmente aquí entre los hombres, Jesús dirigió los pensamientos del pueblo hacia el Antiguo Testamento. Dijo a los judíos: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Juan 5:39. En aquel entonces los libros del Antiguo Testamento eran la única parte de la Biblia que existía. Otra vez el Hijo de Dios declaró: “A Moisés y a los profetas tienen: óiganlos”. Y agregó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos”. Lucas 16:29, 31 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 382, 383).
Jesús confió en la sabiduría y fuerza de su Padre celestial… Llamando la atención a su propio ejemplo, él nos dice: “¿Quién hay de entre vosotros que teme a Jehová… que anda en tinieblas y no tiene luz? ¡Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios!” Isaías 50:7-10.
“Viene el príncipe de este mundo —dice Jesús—; mas no tiene nada en mí”. Juan 14:30 No había en él nada que respondiera a los sofismas de Satanás. Él no consintió en pecar. Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad. Fue hecho idóneo para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo en él. Y él vino para hacernos participantes de la naturaleza divina. Mientras estemos unidos con él por la fe, el pecado no tendrá dominio sobre nosotros…
Y Cristo nos ha mostrado cómo puede lograrse esto. ¿Por medio de qué venció él en el conflicto con Satanás? Por la Palabra de Dios. Sólo por medio de la Palabra pudo resistir la tentación. “Escrito está”, dijo. Y a nosotros “nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia”. 2 Pedro 1:4. Toda promesa de la Palabra de Dios nos pertenece. Hemos de vivir de “toda palabra que sale de la boca de Dios”. Cuando nos veamos asaltados por las tentaciones, no miremos las circunstancias o nuestra debilidad, sino el poder de la Palabra. Toda su fuerza es nuestra. “En mi corazón he guardado tus dichos —dice el salmista—, para no pecar contra ti”. “Por la palabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor”. Salmo 119:11; 17:4 (El Deseado de todas las gentes, pp. 98, 99).
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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
4to. Trimestre 2024 «TEMAS EN EL EVANGELIO DE JUAN»
Lección 08: «EL CUMPLIMIENTO DE LAS PROFECÍAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO»
Colaboradores: AURA HERRERA y Adriana Jiménez
