«Por tanto, os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el .reino de los cielos». Mateo 5: 20
SOLO EXISTEN DOS MANERAS de llegar a ser justos. La primera es yendo a Jesús, la Persona-Justicia, y viviendo con él una vida de permanente comunión. La segunda es tratando solitos de corregir todos los defectos de carácter y adquirir las virtudes descritas en la Palabra de Dios.
La justicia de los fariseos y los escribas era de este segundo tipo. Estaban preocupados solo con lo que se veía, con el aspecto exterior, con el comportamiento moral. No buscaban la autenticidad de los frutos. Estaban preocupados únicamente por producir frutos.
Dios se complace en ver que sus hijos sean victoriosos. Vino a este mundo, en la persona de su Hijo Jesús, no para simplemente librarnos de la culpa del pecado, sino también para libertarnos del poder que el pecado ejerce sobre nosotros. El no quiere ver hijos solo justificados, sino también santificados. Quiere hijos obedientes y llenos de frutos de justicia. Pero para eso tiene un método exclusivo: la vida de comunión que el ser humano
El joven rico es un triste ejemplo de esto. Cualquiera que observara la vida del joven rico, llegaría a la conclusión de que todo estaba bien con él. Ninguna junta de iglesia tendría que llamarle la atención y disciplinarlo. Moralmente, vivía una vida correcta, pero espiritualmente estaba perdido. Se sentía vacío, hueco por dentro, infeliz.
tiene que vivir de manera ininterrumpida con la fuente de la verdadera justicia, que es Jesús.
Los fariseos no entendieron eso. Pensaban que lo único que importaba era portarse bien y a su modo. Con un poco de moralismo y dominio propio conseguían aparentar, pero Jesús les dijo: «Vuestra justicia es como trapos de inmundicia» (ver Isa. 64: 6). ¿Por qué? Sencillamente, porque todo lo que el hombre consigue únicamente por su esfuerzo es cáscara, hueco por dentro.
Esta mañana Jesús nos mira y nos dice: «Hijos, si vuestra justicia no fuere diferente que la justicia de los fariseos y los escribas, entonces tendréis el mismo fin».
Jesús estaba con los brazos abiertos, esperando que los judíos fuesen a él y viviesen con él una vida de comunión permanente, y que, como resultado de esa experiencia, fuesen hombres llenos de frutos de justicia. Muchos judíos no lo recibieron, sino que lo condenaron y crucificaron, y trataron de producir su propia justicia por ellos mismos. Tú conoces el fin de la historia.
Ahora el problema es tuyo. ¿Correrás a los brazos de Jesús y comenzarás el día tomado de sus manos? ¿O tratarás de portarte bien solo, por ti mismo? ¿De qué tipo es tu justicia? No salgas a la lucha diaria sin Cristo. Deja que él viva en ti su vida victoriosa.
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Lecturas Devocionales Familiares 2022
«A SOLAS CON JESÚS»
Por: ALEJANDRO BULLÓN
Colaboradores: José Luc & Misael Morillo
