«Observé todo loque ocurría bajo el sol, y a decir verdad, nada tiene sentido, es como perseguír el viento». Eclesiastés 1:14.
Se acerca una tormenta de arena. Desde la ventana veo familias corriendo hacia sus coches o buscando refugio. Tres niños juegan, despreocupados, en la vereda. La mujer que está con ellos intenta, en vano, acomodarse el cabello (que ya debe estar lleno de arena y hojas). Está enojada y habla con alguien por teléfono.
Los niños siguen jugando, corriendo para atrapar el viento con la arena que danza sobre la vereda, cerca de ellos. Recuerdo el versículo del sabio Salomón que habla de perseguir el viento. Es imposible atrapar el viento porque siempre está delante o encima de ti. Pronto los niños se dan cuenta de esto y empiezan a jugar a otra cosa.
La vanidad de este mundo está en preocuparse de más por las apariencias, en enfatizar solo lo extemo y no lo que está dentro de nosotros, en el corazón. Hay personas vanidosas que piensan que lo más importante es el dinero, la ropa, los zapatos, el coche, la casa… y poco a poco se olvidan de las personas que los rodean, a las que deberían amar. Aún más triste es cuando la vanidad nos hace mirar más a nosotros mismos y menos a Dios. Es realmente inútil, como perseguir el viento.
Mi oración: Señor, ayúdame a priorizar lo que es realmente importante.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2025.
“PALABRITAS DEL CORAZÓN”
Por: «SARAH SUZANE BERTOLLI & ROGERIO CHIMELLO »
Colaboradores: Liseth Orduz y Karla González
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