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EL TESTIMONIO PERSONAL DE PABLO
Pablo se presentó ante el rey Agripa, su esposa, Berenice, y una congregación de oficiales de alto rango del ejército y ciudadanos reconocidos de Jerusalén. Luego de que Festo, el gobernador judío, lo presentara, el rey Agripa mismo invitó a Pablo a defenderse. Pablo respondió con su poderoso testimonio personal. Con seguridad y sin temor, contó su historia a la audiencia. Saulo había sido un fariseo judío que perseguía ferozmente a los primeros cristianos. Incluso aprobó el apedreamiento de Esteban (Hechos 8:1). Sin embargo, camino a Damasco, Saulo fue herido con ceguera y escuchó la voz de Jesús. Fue ciego por tres días, y durante ese tiempo no comió ni bebió nada, hasta que un seguidor de Jesús llamado Ananías obedeció el mandato del Señor de ir a ver a Saulo y poner sus manos sobre él. Saulo fue lleno del Espíritu Santo y fue bautizado. Así, el malvado Saulo llegó a ser el piadoso Pablo. Luego de su conversión, Pablo predicó que todos pueden ser salvos, no solo los judíos. Su mensaje a los gentiles era: «¡Deja de pecar y vuélvete a Dios! Luego, prueba lo que ha ocurrido en ti a través de la forma en que vives» (ver Hechos 26:20). A través de su testimonio, predicó la esperanza de la salvación al rey Agripa y a los líderes de Jerusalén. Todos los presentes oyeron el llamado de cada cristiano, que sigue siendo relevante hoy. Tomemos la valiente posición de Pablo como un ejemplo de nuestro llamado a proclamar el evangelio. «Dile a la gente que me has visto y diles lo que te mostraré en el futuro» (Hechos 26:16). Dios nos ha llamado a ser como Pablo, a esparcir las buenas nuevas de salvación a un mundo quebrantado, y a hablar con confianza de nuestras experiencias personales y nuestro conocimiento a todos. Anima a otros para que «les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mi, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados» (Hechos 26:18). Debemos compartir generosamente las buenas nuevas del sacrificio de Jesús, la batalla ganada y su pronto regreso. «¿Cree usted en los profetas? ¡A mi me consta que si!» (Hech. 26:27). Debemos desafiar a otros a dejar de pecar y volverse a Dios. Desafíalos a probar con la manera en que viven que han cambiado. Compartamos el testimonio de la transformación de Dios en nuestra vida adondequiera que vayamos.
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Lección de Escuela Sabática Adventista para Jóvenes
3er. Trimestre 2016 “El Papel de la Iglesia en la Comunidad.”
Lecc. 11 . Jesús Les Decía: “Siganme
