«Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre si no es por mí»». Juan 14: 6, LPH
OJALÁ PUDIÉRAMOS NOSOTROS, que somos peregrinos y extranjeros en este país extraño, que buscamos un país mejor, un país celestial, comprender a Cristo, el camino, la verdad y la vida! El dice: «Nadie viene al Padre sino por mí». El camino que él señaló es tan claro y evidente, que el más pecador, cargado con sus culpas, no necesita perderlo. Ningún tembloroso buscador necesita fracasar en la búsqueda del camino verdadero, y en caminar en la luz pura y santa, porque Jesús es el Guía en el camino.
El camino es tan estrecho, tan santo, que no puede tolerarse en él el pecado y, sin embargo, el acceso al camino se ha posibilitado para todos, y ni una sola alma abatida, dudosa y temblorosa necesita decir: «Dios no se preocupa por mí». Toda alma es valiosa ante sus ojos. […] Cuando Satanás triunfaba como el príncipe de este mundo, cuando reclamaba este mundo como su reino, cuando estábamos todos manchados y corrompidos por el pecado, Dios mandó a su mensajero desde el cielo: a su Hijo amado, para proclamar a todos los habitantes del mundo: «He encontrado un rescate. He preparado un camino de escape para todos los que perecen. Tengo a su disposición los documentos de su emancipación, sellados por el Señor del cielo y de la tierra». […]
No es porque haya algún defecto en el título que ha sido comprado para nosotros, que no lo aceptamos. No es porque la misericordia, la gracia, el amor del Padre y del Hijo no sean amplios y no hayan sido derramados libremente, que no nos regocijamos en el amor perdonador. […] Si nos perdemos es por que no queremos acudir a Cristo, para que tengamos vida.
Dios espera para derramar la bendición del perdón de los pecados, del perdón de la iniquidad, del don de la justicia sobre todos los que quieran creer en su amor y aceptar su salvación. Cristo está listo para decirle al pecador arrepentido: «Mira que he quitado de ti tu pecado» (ver Zac. 3: 4- 7 ). Cristo es el eslabón que conecta a Dios con los seres humanos. La sangre de Jesucristo es la súplica elocuente que habla en favor de los pecadores.- Manuscrito 32a, 1894.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

