En Hebreos 9: 27 se nos dice que «todos han de morir una sola vez y después vendrá el juicio». ¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra «juicio»? ¿Te sientes confiado o te da miedo? Una cosa es cierta: si hemos permanecido en Cristo, podemos afrontar el juicio con confianza porque él es nuestro Abogado (1 Juan 2: 1-2; Heb. 7: 26; 4: 14-16). La muerte significa poco para los creyentes, porque saben que Dios guarda un registro de sus vidas en los libros celestiales. Dios sabe que somos polvo y que nuestro cuerpo volverá a ser polvo al morir (Sal. 103: 14), así que mantiene una copia de seguridad de nuestra vida en los registros celestiales.
La tecnología moderna nos ayuda a comprender cómo Dios almacena y recupera el registro de nuestra vida. Una computadora es una magnífica pieza tecnológica con muchos componentes complejos; sin embargo, no tiene vida hasta que se conecta a una fuente de alimentación. Cuando enchufamos la computadora, todos sus complejos componentes comienzan a funcionar. A medida que pasa el tiempo, vamos ingresando información en el «cerebro» de la computadora y se convierte en nuestra propia computadora. ¡No hay otra como ella! Si un incendio destruye la computadora, se pierde toda su memoria. La buena noticia es que las personas inteligentes respaldan la información.
Imagina por un momento que un incendio destruye tu computadora, pero tienes una copia de seguridad de toda la información en un disco duro separado. Puedes comprar una computadora aún mejor, enchufarla y transferir la información del disco duro a la nueva computadora. Estás transfiriendo la «identidad» de la primera computadora a la segunda, por así decirlo. Incluso puedes eliminar cierta información no deseada de tu computadora anterior.
Dios creó un cuerpo humano majestuoso con muchos sistemas complejos y le dio el aliento de vida. En el curso de nuestra vida vamos ingresando información al cerebro a través de los cinco sentidos y vamos formando una identidad propia única. No hay nadie como nosotros. Al morir, nuestro cuerpo se desintegra junto con toda la información de nuestro cerebro. La buena noticia, sin embargo, es que Dios guarda una copia de seguridad en su «disco duro» celestial. Cuando Jesús venga, él nos dará un cuerpo indestructible, nos conectará a la fuente de poder y devolverá nuestra identidad propia a nuestro nuevo cuerpo, habiendo borrado en el juicio previo al advenimiento la información indeseable.
Dios no se olvida de nosotros. Los que están en la tumba oirán su voz y saldrán (Juan 5: 28-29). El mismo Job, que pasó por pruebas y sufrimientos indecibles, verá a Jesús con sus propios ojos. ¡Dios restaurará su identidad propia y Job será nuevamente Job! Su corazón anhelaba ese momento (Job 19: 27), ya que exclamó: «Tú me llamarías, y yo te respondería; me mirarías con afecto, pues eres mi creador» (Job 14: 15). Jesús nos quiere con él (Juan 14: 1-3; 17: 24; 1 Tes. 4: 17; Eze. 48: 35; Apoc. 22: 3). «Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos» (Sal. 116: 15).
Medita de nuevo en los pasajes principales y trata de identificar dónde está Jesús en el texto.
- ¿Cuál es el papel de Cristo en relación con tu muerte, tu juicio y tu resurrección?
- ¿Te ofrece el texto una perspectiva nueva o diferente de Jesús?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
3er. trimestre 2022 INVERSO
Lección 8 «MUERTE JUICIO Y RESURRECCIÓN»
Colaboradores: Israel Esparza y Mayra Cota
