martes , 21 abril 2026
Lección E. Sabática Universitarios 2021

inVita – LA FE A VECES SE RÍE

La historia de Abraham nos enseña que la vida de fe es como un viaje con altibajos. Nuestras reacciones viscerales no son Io que más importa, sino el lugar donde nuestra confianza finalmente se establece. La primera promesa de Dios a Abraham en cuanto a su paternidad ocurrió cuando tenía setenta y cinco años (ver Gén. 12: 4). Al pasar los años, era evidente que la esposa de Abraham, Sara, no iba a tener un niño. Después de once años de intentarlo, Abraham y Sara decidieron que el patriarca debía tener un hijo con Agar, la sierva de Sara (ver Gén. 16: 1-3).

Veinticuatro años después de que Dios le prometió por primera vez a Abraham que tendría un hijo, Dios le recordó su promesa y le reiteró que sería con su esposa Sara (ver Gén. 17: 15-16). La primera reacción de Abraham fue postrarse sobre su rostro y reírse (Gén. 17: 17). Sara reaccionó igual (ver Gén. 18: 12-13). Esta espontánea respuesta de la pareja no ganaría el primer premio a la fe; sin embargo, esa primera respuesta no fue su respuesta final. Dios los llamó con la pregunta: «¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios?» (Gén. 18: 14). En respuesta, llegaron a ser fuertes en fe. No permitieron que el envejecimiento de sus cuerpos les impidiera creer (ver Rom. 4: 19).

La vida de fe de Abraham continuó y alcanzó su plena expresión cuando Dios le pidió que sacrificara a su único hijo. Cuando enfrentó esa dolorosa y desgarradora orden, ¿qué hizo? Abraham creyó en Dios, que da vida a los muertos (ver Rom. 4: 17). Abraham estaba convencido de que Dios podía hacer de él una gran nación aun si sacrificaba a su único hijo, porque Dios cumpliría su promesa resucitando a Isaac. Por su acto de fe, en cierto sentido, recibió a su hijo de la muerte (ver Heb. 11: 12-13).

Aunque Abraham inicialmente se rio de la promesa divina, su fe se estableció en la certeza de la poderosa promesa de Dios de dar vida. Esto fue así, pues  la fe de Abraham llegó a establecerse en la habilidad de Dios de efectuar todo lo que ha prometido, incluyendo levantar a su hijo de la muerte, de tal manera que su fe le fue acreditada por justicia (ver Roma 4: 21-22).

El poder de Dios, final y categóricamente, se demostró en la resurrección  de Jesús. Si nuestra fe se consolida en el mismo poder vivificante en que se consolidó la fe de Abraham, seremos contados justos como él lo fue (ver Rom. 4: 23-25). La fe no es un sentimiento; como en el caso de Abraham, no siempre empieza fuerte. Algunas veces, la fe empieza riéndose de las extraordinarias promesas de Dios. Pero si, al final, la fe se basa en la resurrección de Jesús, nos da la garantía de la justicia y la vida eterna.

Reflexiona de nuevo en Romanos 4.

  • ¿Alguna vez te has reído de las promesas de Dios?
  • ¿Qué se te está diciendo a través de estos pasajes?
  • ¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
  • ¿Qué te está diciendo Jesús por medio de estos versículos?
  • ¿Cómo respondes al ver a Jesús de esa manera?

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2021.
1er trimestre 2021 “Carta a los ROMANOS”
Lección 4: «ABRAHAM Y LA FE«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo

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