En el Sermón del Monte, Jesús advirtió a sus oyentes sobre los falsos profetas que «vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces» (Mat. 7: 15), personas que parecen buenas, inocentes o serviciales pero que en realidad tienen la intención de hacer daño. Jesús no ofreció prestarnos la capacidad divina de leer los corazones y las mentes, pero dio una prueba confiable que cualquiera puede hacer: evaluar el fruto, las expresiones a largo plazo en la vida. Él sabía cuán bien puede sonar una persona por un tiempo y, sin embargo, engañar. Pero el fruto es imposible de falsificar. Así como los árboles buenos dan frutos buenos y los árboles malos dan frutos malos, el estado del corazón de una persona no puede ocultarse por sus propias expresiones (ver Mat. 7: 16-18). «Así que por sus frutos los conocerán» (Mat. 7: 20, NVI), concluyó Jesús.
Si esta prueba se puede usar en otros, ¿por qué no en los propios creyentes? Algunos dicen: «Acepta a Jesús. Eso es lo único que necesitas». Y ciertamente es así. Pero aceptar a Jesús va más allá de las palabras: es una experiencia sobrenatural. Vale la pena repetir hasta la saciedad que estas expresiones de fe no son frutos que se grapan en las hojas del árbol del corazón. No es la fuerza, el coraje o la determinación humanos lo que produce este fruto. Este solo se obtiene al creer verdaderamente en Jesús, confiar en él y amarlo. Como siempre, Jesús es un ejemplo perfecto de cómo este caminar con Dios ocurre día a día.
Cuando se sentía abrumado por algo, como la muerte de su primo o los rigores del ministerio, Jesús se retiraba a un lugar desierto solo o con sus amigos más cercanos para tener comunión con Dios, consciente de su profunda necesidad de la fuerza de su Padre. Les pedía a sus discípulos que oraran para que se cumpliera la voluntad de Dios, y luego hizo la misma oración en medio de la desesperación en el Huerto de Getsemaní. Encomendó a sus seguidores que compartieran el amor de Dios y las noticias de su reino con todos, y compartió con multitudes, con los marginados y con líderes religiosos por igual. A través de los hechos, mostró cómo cumplir su mandamiento de amar a los demás. La vida de Jesús es un ejemplo vívido y práctico de todo lo que dijo y todo lo que creyó. Porque así es como funciona la fe.
Jesús es la imagen perfecta de una fe viva, y él da el poder y la gracia para que se refleje en la vida de sus hijos.
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- Medita de nuevo en Santiago 2: 14-26 e identifica dónde está Jesús en el texto.
- Piensa en algunas cosas que Jesús nos pide que hagamos. ¿En qué parte de la Biblia podemos encontrarlo a él haciendo eso que nos pide?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
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Lección 5 «¿JUSTIFICADOS POR LAS OBRAS?»
Colaboradores: Estrellita Hernández & Mayra Cota
