Fue Cristo el que sacó a los israelitas de Egipto y dio la orden: «Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios» (Éxo. 20: 8-10, NVI). En el mandamiento del sábado, descubrimos aspectos extraordinarios del carácter de Cristo y su relación con nosotros, a medida que exploramos los matices del texto.
No podemos hablar de ninguno de los mandamientos de Dios sin abordar primero el preámbulo a su ley. Lo primero que Dios dice es: «Yo soy el Señor tu Dios». Dios es real. Él no es una figura de madera o una imagen de oro inanimada. Él es tu Dios: es un Dios personal. Segundo, es este Dios personal el que liberó a Israel y es la Fuente de su descanso de la esclavitud.
Enfocarnos tanto en el deber de observar el sábado a menudo nos ha impedido notar la generosidad que el mandamiento expresa sobre Dios. Observa cómo, en la parte inicial de Éxodo 20: 8, Dios nos desafía a ganarnos la vida primero, y luego, después de haber satisfecho nuestras propias necesidades, abordamos sus requisitos. También ten en cuenta que al dividir la semana en siete partes, Dios reclama solo una de esas partes como suya, mientras nos permite usar las otras seis para nosotros.
Otro componente revelador de la generosidad de Dios es su atención a las necesidades de los que tienden a pasar desapercibidos. El mandamiento del sábado incluye el respeto por los sirvientes, el ganado y los extranjeros. Aunque las bestias de carga pueden importarle poco a su dueño, Dios le recuerda que también necesitan descansar. El sábado sirve como el gran catalizador para el sirviente, el extranjero y el propietario, mostrando la generosa preocupación de Dios por todos.
Otro atributo de Dios que emerge en el mandamiento de guardar el sábado es la atención a los detalles. Él no solo nos pide que guardemos el sábado, sino que nos explica detalladamente cómo debemos hacerlo. Como un contador meticuloso, presupuesta todos los días de la semana, dando el ejemplo para que no perdamos ni siquiera un pequeño fragmento de tiempo. Si bien muchos consideran que el cuarto mandamiento de Dios tiene que ver con el descanso, algunos logran ver igualmente la imagen más completa del mandato relacionada con el trabajo. Trabajar durante seis días es tan parte del mandamiento de Dios como lo es descansar en el séptimo.
Una parte de guardar el sábado implica recordar y vivir perpetuamente en virtud del próximo día de descanso. Guardar el sábado implica almacenarlo o mantenerlo en nuestra memoria. Mantener algo en la memoria y almacenarlo perpetuamente es un o ejercicio de la mente. Durante los seis días de trabajo, nuestra mente trabaja con anticipación y preparación para el siguiente sábado. Se invierte energía mental para garantizar que se ha llevado a cabo la preparación adecuada en la gestión de los negocios, la familia y la sociedad. Planificamos para poder descansar.
El cuerpo también trabaja. Salimos a trabajar; corremos de aquí para allá; nos mantenemos ocupados aquí y allá, realizando tareas necesarias para cumplir con éxito nuestro deber. En seis días no solo pensamos, sino que hacemos todo nuestro trabajo. Pero el sábado descansamos. Nuestro cuerpo es llamado a dejar de trabajar, al igual que nuestra mente. La orden de permitir que el sirviente, el ganado y el extranjero descansen puede rendir una doble bendición. Mientras sus cuerpos descansan, la mente de los que dirigen sus labores también descansa.
No podemos recargar a Dios. Además de su propio trabajo, él también lleva la carga de nuestro trabajo. Pablo dice: «Ocúpense en su salvación con temor y temblor, porque Dios es el que produce en ustedes lo mismo el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Fil. 2: 12-13, RVC). Dios comparte nuestras labores. Él nos dice: «Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mat. 28: 20). Aunque Jesús trabaja en nosotros, también nos pide que descansemos en él. Su invitación es: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar» (Mat. 11: 28).
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Reflexiona de nuevo en el texto de Éxodo 31: 12-18 tratando de identificar a Jesús en el mismo.
¿Reconoces y aceptas a Jesús como el Señor de tus sábados?
¿Qué te está diciendo Jesús por medio de estos versículos?
¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente, o identificar algún rasgo nuevo de él, basándote en los versículos anteriores?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2020.
4to trimestre 2020 “Los Principios De La Educación”
Lección 9: «LA EDUCACIÓN Y EL SÁBADO«
Colaboradores: Hidai Juarez S & Misael Morillo
