Deuteronomio 30 señala a Jesús de numerosas maneras. El Señor es quien tiene compasión de su pueblo, incluso cuando ellos lo han rechazado y traicionado. No los dejó con las consecuencias de su traición, ni con las maldiciones del pacto, sino que prometió traerlos de regreso. Sus castigos fueron redentores, con el propósito de que se arrepintieran y regresaran a él (vers. 1-5).
El Señor es también quien prospera, multiplica y bendice a su pueblo (vers. 5, 9, 16). Este es el mayor deseo de Dios. En última instancia, las maldiciones estaban destinadas a los enemigos de Dios; Dios nunca quiso que cayeran sobre su propio pueblo (vers. 7). El Señor se alegra por su pueblo, incluso canta por él (vers. 9). Dios se deleita en redimirlos y salvarlos. Además, asume la responsabilidad de circuncidar sus corazones para que ellos lo amen y lo sirvan de todo corazón (vers. 6). Jesús sabe que somos incapaces de amarlo por nosotros mismos, pero él ha creado un camino mediante su propio sacrificio para que nuestros corazones puedan ser cambiados a través de su obra.
Las instrucciones del Señor son sencillas y claras. No se encuentran tan lejanas de nosotros como para que no podamos entenderlas; no están tan lejanas de nosotros como para que nunca las encontremos, sino que están muy cerca (vers. 11-14). De hecho, Dios pone sus palabras en nuestros corazones y en nuestras bocas para que formen parte de nosotros. Este es el proceso de santificación: cambiarnos de tal manera que queramos seguir a Dios no por legalismo, sino por gozo y gratitud.
Finalmente, mientras que las palabras del Señor son vida, en última instancia esto es así porque lo señalan a él. Estas palabras proceden de él y él es la vida. Él nos da la posibilidad de elegir, pues desea una verdadera relación, no un servicio robótico. Nos llama a elegir la vida, un clamor que encuentra eco vez tras vez en el resto del Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Como aclaran los versículos 17 y 18, son nuestros corazones los que se apartarán y nos llevarán a la muerte, no tanto nuestros actos de desobediencia. Así, Moisés nos llama a aferrarnos al Señor; «aferrarse» es una palabra que se usa para la miel pegajosa, lo que implica que debemos estar tan cerca de Dios que nunca nos soltemos de él. De esta manera, su vida y su amor pueden fluir a través de nosotros y en nosotros. Su vida y su amor cambian nuestros corazones y nos llenan de abundante gozo.
Reflexiona de nuevo en Deuteronomio 30 y trata de identificar a Jesús en el texto.
- ¿Qué te está diciendo a través de estos versículos?
- ¿De qué manera se ha mostrado Jesús como tu propia vida?
- ¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
- ¿Cómo respondes al ver a Jesús de esta manera?
#Inverso
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2021.
4to. trimestre 2021 INVERSO
Lección 11 «¡LA VIDA O LA MUERTE!»
Colaboradores: Israel Esparza & Mayra Cota
