Del mismo modo, cuando el salmista intercedió ante Dios por Israel, aludió al juramento que Dios le hizo a David. Dios había dicho: «No olvidaré mi pacto ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre y como un testigo fiel en el cielo» (Sal. 89: 34-37, RV95). Según el Nuevo Testamento, ambos juramentos se cumplieron en Jesús, la simiente de Abraham que ascendió y se sentó en el trono de David (Gál. 3: 13-16; Luc. 1: 31-33, 54-55).
En segundo lugar, Dios nos garantizó el cumplimiento de sus promesas al haber sentado a Jesús a su diestra. La ascensión de Jesús tuvo el propósito de corroborar la promesa hecha a los creyentes, ya que «entró por nosotros como precursor» (Heb. 6: 20). La ascensión de Jesús nos garantiza entonces la seguridad de la salvación. Dios llevó a Jesús a la gloria «a causa del padecimiento de la muerte[ … ] por todos,[ … ] habiendo de llevar muchos hijos a la gloria» (Heb. 2: 9-10, RV95). La presencia de Jesús ante el Padre es el «ancla del alma» (Heb. 6: 19) que está fija en el trono de Dios. El honor del gobierno de Dios se llevó a cabo en el cumplimiento de su promesa a través de Jesús.
Reflexiona de nuevo en Hebreos 5: 11 a 6: 20 y trata de identificar a Jesús en el texto.
¿Qué relación consideras que tienen estos pasajes bíblicos con el texto clave?
¿Qué otros versículos o promesas te vienen a la mente en relación con Hebreos 5:11 a 6:20?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
1 er. trimestre 2022 INVERSO
Lección 7 « JESÚS, EL ANCLA DEL ALMA »
Colaboradores: Estrellita Hernández & Mayra Cota

