Se dice que los creyentes «han llegado» al monte Sión, la Jerusalén celestial, por medio de la fe. En este sentido, su experiencia anticipa el futuro. Por lo tanto, la Jerusalén celestial pertenece al ámbito «de lo que esperamos» y «de lo que no podemos ver», pero que, sin embargo, se nos asegura por medio de la fe (Heb. 11: 1). Si bien esto es cierto, este no es todo el significado del pasaje. También hemos llegado al monte Sión, a la misma presencia de Dios, a través de nuestro representante, Jesús (Efe. 2: 5-6; Col. 3: 1). La ascensión de Jesús no es una cuestión de fe, sino que es un hecho. Es esta dimensión histórica de la ascensión de Jesús la que proporciona el peso de la convicción a la exhortación de Hebreos a que sigamos firmes en la fe (4: 14; 10: 23). Pablo dice: «En Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha entrado al cielo. […] Entonces, acerquémonos» (4: 14, 16). Por lo tanto, ya hemos llegado allá a través de nuestro Representante y debemos actuar en consecuencia. A través de él, probamos «el don de Dios» y disfrutamos «del excelente mensaje de Dios y de los grandes poderes del mundo que está por venir» (Heb. 6: 4-5). La realidad de la ascensión y del ministerio de Jesús en el santuario celestial «es un ancla firme y confiable para el alma» (Heb. 6: 19, NTV), la garantía de que sus promesas son firmes y dignas de confianza (Heb. 7: 22). Nuestra fe está anclada en la historia.
Sin embargo, el propósito de Dios se cumplirá no solo en Jesús, sino también en nosotros. Ya se mencionó que la ascensión de Jesús cumplió la tipología de las dos primeras peregrinaciones anuales de Israel, la Pascua y el Pentecostés. Según Hebreos y Apocalipsis, la última peregrinación, la fiesta de los Tabernáculos, aún no se ha cumplido. La celebraremos con Jesús, cuando estemos en «la ciudad […] cuyo arquitecto y constructor es Dios», en la patria celestial (Heb. 11: 10, 13-16). No construiremos tabernáculos, pero el tabernáculo de Dios descenderá del cielo y viviremos con él para siempre (Apoc. 7: 15-17; 21: 1-4; 22: 1-5; Núm. 6: 24-26).
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Reflexiona de nuevo en Hebreos 10 y trata de identificar a Jesús en el texto.
- ¿En qué sentido hemos llegado ya a la Jerusalén celestial, ante la presencia de Jesús?
- .¿En qué sentido puedes ver reflejado a Jesús en el texto o verlo de una manera distinta?
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Colaboradores: Estrellita Hernández & Mayra Cota
