Al comienzo de cada sábado, los judíos observadores del Sábado leen el Salmo 92. Lleva por título, «Cántico para el sábado», por lo que tiene sentido leerlo en sábado. De él podemos sacar alguna idea del ethos, de la experiencia del sábado desde la perspectiva del autor.
En primer lugar, «¡Qué bueno es darte gracias!» (Salmo 92: 1). Al final de la semana, el sábado nos brinda la oportunidad de expresar gratitud a Dios. Desde luego, dar gracias no se limita al sábado, como afrma David: «Anunciar por la mañana y por la noche tu gran amor y fidelidad» (vers. 2). Sin embargo, el sábado es un día entero reservado «para cantar himnos» (vers. 1) a Dios por su bondad y fidelidad.
David menciona el uso de instrumentos de cuerda (arpa, salterio) para crear una «música suave» (vers. 3) mientras alaba a Dios. Entonces, la música debe incorporarse a nuestra adoración en sábado; es decir, música armoniosa. Además, en la línea de acción de gracias, el tono de la experiencia del sábado es alegre: «¡Tú me has hecho feliz con tus acciones!» (vers. 4). Hay tiempo para ayunar y para la seria reflexión, pero el sábado no es ese tiempo; el sábado es un día de alegría y celebración.
En el versículo 4, David introduce el concepto de la obra de Dios. De hecho, el sábado debemos meditar en la obra que Dios ha hecho. ¿No fue este el ejemplo de Dios para nosotros desde el principio? (ver Génesis 1: 31–2: 3). Incluida en la obra de Dios está su creación. Pasar tiempo en la naturaleza mientras meditamos en la creación de Dios es una actividad apropiada para el sábado. Podemos llegar a comprender mejor la mente de Dios al hacer esto, porque sus obras revelan sus pensamientos. Así que David exclama que los pensamientos de Dios son profundos (vers. 5).
La obra de Dios también incluye su obra de salvación (vers. 7, 9). El sábado es un día para regocijarse en el triunfo de Dios sobre los malhechores. Podemos sufrir la opresión de gente malvada, pero el sábado nos recuerda constantemente que Dios someterá a nuestros enemigos. Y «el último enemigo que será derrotado es la muerte» (1 Corintios 15: 26). ¡Tenemos toda la razón para regocijarnos en las obras de Dios!
Como un sándwich entre estos dos versículos [7 y 9] sobre la obra de la salvación, encontramos el clímax del salmo: «Pero tú, Señor, por siempre estás en lo alto» (vers. 8). El pináculo de nuestra experiencia en sábado es reconocer la exaltada posición de Dios y elevarlo en nuestra estima. Solo cuando Dios está en el centro de nuestra experiencia del sábado, podemos disfrutar la adoración ese día.
Una vez más, en una estructura de quiasmo, David retoma el concepto de la obra de la salvación de Dios al tratar con los malvados. A diferencia de los «malvados y malhechores» que «crecen […] solo para ser destruidos para siempre», «los buenos florecen como las palmas y crecen como los cedros del Líbano» (vers. 12). Finalmente, el salmista concluye con la afirmación: «El Señor es mi protector, es recto y no hay en él injusticia» (vers. 15).
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Medita nuevamente en el Salmo 92 y busca a Jesús en el pasaje.
- ¿Qué te está diciendo a través de estos versículos?
- ¿De qué manera la adoración en sábado mejora tu relación con Jesús?
- ¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
- Para meditar y orar:
- ¿Cómo respondes al ver a Jesús de esta manera?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
2do. trimestre 2022 INVERSO
Lección 12 «DÍA DE DELICIA»
Colaboradores: Israel Esparza y Mayra Cota
