El proceso de juicio de tres pasos tiene un objetivo específico: demostrar a todo el universo, tanto a los leales como a los rebeldes, que Dios juzga cada caso correctamente. En el juicio investigador anterior al advenimiento, Dios probará
ante el universo celestial que él tiene el derecho legal de llevar a los redimidos al cielo. A medida que los redimidos participen en el juicio celestial durante el milenio, estarán de acuerdo en que Dios fue justo y verdadero al condenar a Satanás, a sus ángeles y a los impíos. Finalmente, el juicio posterior al milenio de Satanás, sus ángeles y los malvados, los convencerá de que Dios fue amoroso, justo y misericordioso al condenarlos a la destrucción eterna. El profeta Isaías describe este momento culminante de la historia del mundo: «Yo lo juré por mí mismo, hice una promesa de triunfo, y esa promesa se cumplirá: que ante mí todos doblarán la rodilla, y por mí jurarán todos» (Isa. 45: 23).
Entonces, y solo entonces, Dios puede destruir el pecado, a los pecadores y al enemigo final, la muerte (1 Cor. 15: 27-28). Cuando concluya el gran conflicto, el universo estará limpio y en perfecta armonía. El proceso de juicio no dejará cabos sueltos. Nadie culpará a Dios por ser parcial o de la existencia del mal.
Después del milenio, habrá solo dos grupos: los que están dentro de la ciudad de Dios y los que están fuera. Los que están dentro fueron salvos por gracia a través de la fe en la justicia de Jesús. Sin embargo, fueron juzgados por sus obras (Apoc. 22: 12; Mat. 16: 27), porque las obras revelan si la fe es genuina. Los seres humanos no se salvan por la simple fe o por las obras, ni por la fe más las obras, sino por una fe dinámica que obra (Sant. 2: 14-26). Los «héroes de la fe» de Hebreos 11 no solo creyeron, sino que también pusieron en práctica su fe.
El libro de Apocalipsis contrasta a los que están dentro de la ciudad con los que están fuera: «Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y poder entrar por las puertas de la ciudad. Pero fuera se quedarán los pervertidos, los que practican la brujería, los que cometen inmoralidades sexuales, los asesinos, los que adoran ídolos y todos los que aman y practican el engaño» (Apoc. 22: 14-15). «El que salga vencedor recibirá todo esto como herencia; y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero en cuanto a los cobardes, los incrédulos, los odiosos, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican la brujería, los que adoran ídolos, y todos los mentirosos, a ellos les tocará ir al lago de azufre ardiente, que es la segunda muerte» (Apoc. 21: 7-8).
Debemos venir a Jesús ahora y reclamarlo como nuestro Abogado. Si nos arrepentimos de nuestros pecados, los confesamos y confiamos en su justicia, él nos defenderá en el juicio. Sin embargo, al momento de la muerte o del cierre de la gracia, todos los casos se deciden y no habrá cambios de bando (1 Juan 2: 1-2; Heb. 7: 26; 4: 15).
Reflexiona de nuevo en Apocalipsis 20: 11 al 21: 1 e identifica dónde está Jesús en el texto.
- ¿Qué revelan sobre el carácter de Dios los tres pasos del proceso del juicio?
- ¿Te ayuda este pasaje a ver a Jesús de una manera diferente o a redescubrirlo?
#Inverso
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
3er. trimestre 2022 INVERSO
Lección 9 «MÁS ALLÁ DE LA MUERTE»
Colaboradores: Israel Esparza y Mayra Cota
