La bondad de Dios
La parábola del trigo y la cizaña revela la bondad de Dios. En este relato, el hombre que siembra la buena semilla es identificado como el «Hijo del hombre» (Mateo 13: 37). Jesús a menudo utilizó esa frase al hablar de sí mismo.
El Hijo del hombre también separa el trigo de la cizaña al momento de la cosecha:
«El Hijo del hombre mandará a sus ángeles a recoger de su reino a todos los que hacen pecar a otros, y a los que practican el mal. Los echarán en el horno encendido, y vendrán el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. Los que tienen oídos, oigan» (Mateo 13: 41-43).
Jesús siembra la buena semilla y cosecha el buen trigo. Está activamente involucrado en preparar a las personas para heredar su Reino eterno. Jesús está a nuestro lado cuando sufrimos. Se hizo uno de nosotros y sabe por lo que pasamos. En un mundo donde prospera el mal, Jesús revela su bondad.
La Biblia contiene muchos ejemplos de la bondad de Dios. En el Salmo 23, David se regocija en la fidelidad de Dios aun en los oscuros valles de la vida. El Dios descrito en este Salmo es el mismo Dios que vino a esta tierra y caminó entre nosotros. David escribe: «El Señor es mi pastor; nada me falta. En verdes praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce, me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón me inspiran confianza» (vers. 1-4). En los capítulos más oscuros de la vida, hay Alguien a nuestro lado. Jesús es llamado Emmanuel: «Dios con nosotros» (Mateo 1: 23). David siente la presencia de Dios incluso cuando vive como fugitivo y su vida corre peligro. En los momentos de mayor riesgo, David se enfoca en la bondad de Dios: «Tu bondad y tu amor me acompañan a lo largo de mis días, y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré» (Salmo 23: 6). Probablemente tengamos que enfrentar pruebas difíciles, pero Dios preparó un futuro brillante para todos los que lo siguen.
Conocer la bondad de Dios lleva al verdadero arrepentimiento (ver Romanos 2: 4). Su bondad nos hace crecer y madurar espiritualmente. Jesús revela en la parábola que le pertenecemos a Dios y que él está haciendo todo lo que puede para prepararnos para su Reino eterno. Cuando, en la parábola, el dueño permite que el trigo y la cizaña sigan creciendo juntos hasta la cosecha, los siervos deben elegir si confiarán en él o no. La parábola del trigo y la cizaña nos invita a confiar en el plan de Dios.
Medita nuevamente en el pasaje principal y busca a Jesús en él.
¿Conociste alguna vez a alguien que rebosa de la bondad de Dios? ¿Qué impacto tienen esas personas en su entorno?
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Colaboradores: Joaquin Maldonado y Adriana Jiménez
