jueves , 30 abril 2026

 

LISTO PARA SALVAR

En Estados Unidos, cuando uno tiene una emergencia y llama al 911, el operador suele empezar preguntando la naturaleza y el lugar de la emergencia. En cuanto tiene esos dos datos, puede formular un plan de respuesta y ponerlo en marcha. Aunque Adán y Eva hicieron lo contrario a pedir ayuda (es decir, se escondieron en el jardín), Dios, en su misericordia y gracia proactivas, ya tenía preparado un plan de respuesta

a la emergencia. Previendo ese momento mucho antes incluso de que empezara el tiempo, Dios ya había preparado una solución al problema del pecado: el «Cordero que fue sacrificado desde la creación del mundo» (Apoc. 13: 8, NVI). Este plan, sin embargo, no era solo una opción entre muchas otras; era el único camino posible para ofrecer la salvación plena manteniendo al mismo tiempo la justicia; pero también era, de lejos, el más costoso.

La gestión de la crisis de Adán y Eva por parte de Dios pone verdaderamente de relieve su carácter. A pesar de ser la parte herida y agraviada, Dios dio el primer paso hacia la solución. Tras darle tiempo a la pareja humana para procesar lo ocurrido, Dios se acercó «cuando soplaba la brisa fresca de la tarde» (Gén. 3: 8, NTV), acudiendo al lugar de la emergencia para ocuparse de la naturaleza misma de la emergencia. Aquí se revela la actitud de Dios hacia los pecadores: incluso al separarnos de Dios rompiendo nuestro pacto con él, él viene a buscarnos para restaurar el vínculo roto. Incluso como víctima, él siempre da los primeros pasos para ofrecer la sanación del infractor. Dios ama a sus enemigos.

Dios les había advertido a Adán y a Eva: «El día que de él comas, ciertamente morirás» (Gén. 2: 17). Lo que aún no se sabía era que Dios ya había preparado un plan para ofrecerles una segunda oportunidad sin poner en peligro su integridad ni su justicia. De esta segunda oportunidad trata el texto de Génesis 3: 15. Los teólogos lo llaman el «protoevangelio», el primer mensaje evangélico de la Biblia, porque en él Dios profetiza que su «Descendencia», es decir, su descendiente (Jesús), le asestaría un golpe mortal a Satanás, el instigador del gran conflicto. Satanás también heriría a su Descendencia, como demuestra la declaración de Dios: «Tú le morderás el talón», pero esta herida hecha en Jesús en la cruz se convertiría algún día en la revelación definitiva del gran amor de Dios por sus hijos. Ninguna otra cosa podría asegurar una enemistad duradera entre los hijos de Dios y Satanás como el asesinato del Hijo de Dios en la cruz. Aunque le costó la vida a Jesús, la Divinidad se comprometió a desenmascarar las mentiras de Satanás y a recuperar la lealtad basada en el amor de sus hijos. Al entregar voluntariamente su vida, Cristo prometió no solo la redención, sino también la destrucción final y eterna de Satanás, el pecado y el mal.

Medita de nuevo en Génesis 3: 1-15 e identifica dónde está Jesús en el texto.

  •  ¿De qué manera Jesús «fue sacrificado desde la creación del mundo» (Apoc. 13: 8, NVI)?
  • ¿Te ayuda este pasaje a ver a Jesús de una forma diferente o a redescubrirlo?

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