Nuestro amor a Dios se manifiesta en cómo amamos a quienes nos rodean. La obra y el ministerio de Jesús destacan esta verdad, ya que él era la personificación del amor desinteresado por los demás. Esta parábola en Mateo 25 es un reconocimiento a aquellos que sirven a Dios de verdad, haciendo lo que Jesús hizo. Hay muchas descripciones de Jesús pasando tiempo con varios grupos socialmente despreciados, en un esfuerzo por enseñar a sus discípulos qué es el verdadero servicio. Los seguidores de Jesús imitan este comportamiento, pero es una parte tan intrínseca de quiénes son que lo hacen sin darse cuenta de la importancia de sus acciones.
Jesús fue más allá de tan solo ministrar a los marginados. Cristo se identificó con ellos tan de cerca que declaró que la manera en que tratamos a estos marginados es la manera en que lo hemos tratado a él. Aquí Jesús se destaca como un Dios contracultural, comparándose con los pobres, los enfermos, los encarcelados, los hambrientos, los sedientos y los desnudos. Esto es muy diferente de la forma en que casi todas las autoridades terrenales se ven a sí mismas, ya que alcanzar prestigio significa escapar de la dureza y el estigma de la pobreza. Pero Jesús no se avergüenza de identificarse con este grupo de personas.
Cristo realizó estas acciones contraculturales tan a menudo que la gente sacó conclusiones sobre su carácter; y sus seguidores deben servir de la misma manera culturalmente radical. Debemos comprometernos con los oprimidos tan a menudo que esto se convierta en una parte integral de quiénes somos. Cuando llegue el día del Juicio y todo el profesionalismo, la jerarquía, la estructura y la organización de este mundo desaparezcan, Dios buscará a aquellos que hayan mostrado un servicio genuino y desinteresado para con los demás.
Suele decirse que se reconoce a alguien por las personas con las que pasa más tiempo. Algunos de nosotros tratamos de hacernos amigos de personas que están por encima de nosotros en la escala social o corporativa para avanzar y mejorar nuestra autoestima. Al tratar de progresar en nuestras carreras, educación y aspiraciones financieras, a menudo buscamos los mentores que tienen más éxito. Jesús no está en contra de que tengamos éxito en la vida, pero esta parábola redefine el verdadero éxito. Para Jesús, el éxito consistía en servir a los demás. La misión de toda su vida se centró en el servicio: «Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud» (Mar. 10: 45). Los mentores más valiosos son los que nos enseñan a vivir con éxito una vida de devoción a Dios y de servicio a los demás.
El servicio a los necesitados rara vez se traduce en una conversión inmediata, pero es posible que precisamente por eso Jesús pusiera tanto énfasis en él. Nuestros verdaderos motivos para servir quedan al descubierto. ¿Lo hacemos para llamar la atención y obtener notoriedad, o lo hacemos por amor, sin buscar un beneficio terrenal? En pocas palabras, Jesús vino a la tierra porque es amor, y los salvados demostrarán esta misma característica porque reflejarán quién es Jesús.
¿Dónde ves a Jesús en Mateo 25: 31 al 46?
¿En qué sentido puedes ver a Jesús en formas diferentes, o identificar algún rasgo nuevo de él?
¿Qué es el éxito a los ojos de Dios?
¿Cómo podemos estar seguros de servir por las razones correctas, incluso si recibimos reconocimiento o recompensa por ese servicio?
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4to. trimestre 2023 LA HERENCIA ADVENTISTA
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Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

