El final de Juan 13 añade profundidad al capítulo 14. Jesús acababa de predecir la triple negación de Pedro, luego dijo «No se angustien. […] Voy a prepararles un lugar. […] Para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar» (14: 1-3). Aunque Jesús se lo dijo directamente a Pedro, fue Tomás quien le preguntó a dónde iba Jesús y cómo podían saber él y los demás el camino (vers. 5). Jesús procedió entonces a explicar la relación entre él y el Padre y prometió que vendría otro ayudante: el Espíritu Santo.
Jesús pasó de predecir la negación de Pedro a prometernos la eternidad y a ofrecernos una profunda relación permanente con él, todo lo cual revela varios aspectos clave de su obra como nuestro Salvador. Jesús es paciente y desea salvarnos, y aun así nos señalará amorosamente nuestros pecados y errores. No eludió la verdad, aunque fuera dolorosa: señaló a Pedro su verdadera condición espiritual; pero tampoco lo dejó sin esperanza, pues le dio la promesa de la eternidad en el cielo. Luego, en respuesta a las preguntas relativamente sencillas de Tomás y Felipe, Jesús explicó pacientemente la relación de la Deidad a sus discípulos, que no parecían entenderla a pesar de todo el tiempo que habían pasado con Cristo. Jesús expresó claramente que él y su Padre tienen una relación muy íntima, diciendo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (14: 9). Las palabras y las acciones de Jesús reflejan directamente al Padre, que mora en él (vers. 10, 11). A través de su relación con el Padre, Jesús encarna y demuestra cómo nosotros, sus seguidores, también podemos tener una estrecha conexión con Dios.
En este pasaje, Jesús no se limita a dejar a los discípulos con promesas de una futura mansión en el cielo, sino que les proporciona algo aquí y ahora para que puedan llegar hasta allí: el Espíritu Santo. Los verdaderos grandes dirigentes capacitan a sus protegidos para llegar más lejos que ellos mismos. Jesús siguió este patrón al declarar que sus discípulos, fortalecidos por la oración, la obediencia y el Espíritu, harían obras mayores que las suyas (vers. 12). Quería que llegaran a más gente que él mismo; no quería limitar su éxito y permanecer en la cima como hacen tantos líderes humanos. Al irse, Jesús dejó espacio para que el poder del Espíritu Santo permitiera a sus discípulos expandir su ministerio terrenal. A través de sus discípulos, la obra que él comenzó continuaría y crecería.
Jesús no solo se estaba vaciando y compartiendo sus recompensas y éxitos con otros, estaba compartiendo sus dones con discípulos que ciertamente no los merecían. Pedro estaba a punto de negar a Jesús tres veces; Tomás ya dudaba de él; ninguno de ellos estaba preparado para lo que se avecinaba y ninguno era digno de la responsabilidad o el éxito que Jesús estaba preparando para ellos. Sin embargo, Jesús eligió a discípulos indignos, poco confiables y poco destacados para llevar a cabo obras aún mayores que las del propio Cristo. La generosidad de Jesús hacia discípulos débiles y caídos va más allá de toda comprensión. Debería darnos una gran esperanza de que, aunque nosotros también seamos personas quebrantadas, Jesús seguirá haciendo obras poderosas a través de aquellos seguidores humildes que cooperen con él.
¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente en Juan 14: 1 al 24, o identificar algún rasgo nuevo de él?
¿En qué otras instancias vemos a Jesús seguro de su identidad y de su papel en la Deidad?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
4to. trimestre 2023 LA HERENCIA ADVENTISTA
Lección 10 «LA DEIDAD»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

