miércoles , 28 octubre 2026

La ley, nuestra red

El lenguaje de Levítico 26 es totalmente relacional (ver, por ejemplo, los vers. 25 y 42). Dios quiere que su amado pueblo obedezca sus mandamientos porque están concebidos en el marco de una relación. En otras palabras, al igual que una relación matrimonial, que es un pacto, Dios quiere que su pueblo tenga una relación cada vez más estrecha con él y que le sea fiel solo a causa de esa relación.

Dios expresa su bondad a lo largo de este capítulo ofreciendo una oportunidad tras otra para que su pueblo vuelva a él si descubre que le ha sido infiel. Observa cuántas veces se utiliza la expresión: «Si a pesar de esto» o una similar (vers. 18, 21, 23, 27, 40-42, 44, 45). Aunque la intensidad de los castigos por la desobediencia se multiplica por siete (vers. 24), ¡también aumentan las oportunidades de confesar y arrepentirse!

Por supuesto, hay formas correctas e incorrectas de enseñar la ley de Dios (1 Tim. 1: 8). En primer lugar, es un error enseñar que la obediencia a la ley de Dios puede salvarnos, porque sabemos que no es así (Rom. 3: 20; Gal. 2: 16). Solo la fe en Jesús, que cumplió plenamente la ley por nosotros, puede salvarnos y asegurarnos la vida eterna (Efe. 2: 8, 9). Esto se debe sencillamente a que todos hemos quebrantado la ley de Dios y, por lo tanto, ya somos culpables y estamos condenados a muerte (Rom. 3: 9; 6: 23). Ten en cuenta que quebrantar un mandamiento es quebrantar toda la ley (Sant. 2: 10). En segundo lugar, también es erróneo enseñar que los que han recibido a Jesús como su Salvador pueden seguir quebrantando la ley de Dios y esperar salvarse. Se trata de un engaño muy común contra el que el apóstol Pablo advirtió específicamente (Rom. 3: 8; 1 Cor. 6: 9-11).

La victoria sobre el pecado no se produce sin preparación, estrategia y esfuerzo de nuestra parte, pero la buena noticia es que Jesús nos da tanto las oportunidades de arrepentimiento como el poder, a través de su Espíritu, de vivir una vida justa y santa, incluso en este mundo caído (Rom. 8: 4). Cuando batallamos, él nos ofrece el perdón, y cuando resistimos la tentación, nos capacita para ganar la victoria (Sant. 4: 7, 8; 1 Juan 1: 9; Apoc. 12: 11). Todos somos pecadores que necesitamos desesperadamente la bondad de Dios, y él nos ha proporcionado esa bondad mediante el perdón de los pecados y el poder para resistir la tentación. Los que enseñan que no podemos vencer están en contradicción directa con las palabras del propio Dios.

Una buena ilustración de ello es el puente Golden Gate, de San Francisco. Al principio de la construcción se perdieron varias vidas, lo que retrasó la finalización del proyecto; pero luego de que se colocara una red gigante para proteger a los obreros de caer a la muerte, la producción aumentó y el puente se construyó de forma mucho más rápida y segura. Mientras trabajamos para desarrollar un carácter cristiano que refleje el carácter de Dios revelado en la ley, ¡podemos confiar en que la sangre de Jesús y su justicia nos hacen eternamente seguros y salvos!

Medita de nuevo en el pasaje principal e identifica dónde puedes ver a Jesús en el texto.

¿Cómo podemos evitar aprovecharnos del perdón y la gracia de Dios?

¿Te ayuda este pasaje a ver a Jesús de una manera diferente o a redescubrirlo?

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
3er. trimestre 2023 LA RESTITUCIÓN
Lección 14 «LA LEY»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

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