Hemos dedicado un montón de tiempo a tratar el aspecto alimentario de la salud en Levítico 11, así que volvamos brevemente la mirada a los aspectos sanitarios y cómo estos apuntan a Jesús.
Antes de que se descubrieran los gérmenes, Dios preparó a su pueblo para evitar gran parte de sus efectos contaminantes. Los capítulos 11 a 15 tratan sobre medidas sanitarias. El último podría titularse el capítulo de «báñate y lávate las manos» (Lev. 15: 5-11, 21, 22, 27). En varios lugares del capítulo 11, se le recuerda al pueblo de Dios que no debe tocar personas, cosas ni animales contaminados (vers. 8, 24, 26, 27, 31). También se les instruye para que laven las cosas y las personas contaminadas (vers. 25, 32, 35, 40). También se dan instrucciones para mitigar enfermedades contagiosas como la lepra, aislando a los infectados (Lev. 13: 4, 5, 31, 33, 46). Toda esta instrucción adelantada a su tiempo relativa a la limpieza no tenía como fin únicamente la salud, sino principalmente la santidad (Lev. 11: 43-45; 15: 31). El pueblo de Dios debía distinguirse entre las naciones paganas del mundo.
Levítico 11: 36 es quizá uno de los versículos más importantes de este capítulo, ya que tiene poderosas implicaciones en los Evangelios. Este versículo declara que lo único que no se puede contaminar con impurezas es un manantial o fuente de agua. ¿Te has fijado alguna vez en que Jesús podía tocar a personas que se consideraban impuras según las normas del Levítico y no se contaminaba él mismo (Mat. 8: 2)? Tiene sentido, dado que Jesús es el agua viva (Juan 4: 10) y la fuente de la pureza. Cualquiera que acuda a él confesando y abandonando sus pecados, será limpiado por él (1 Juan 1: 9). Pero espera, ¡hay más! Jesús dijo que cuando lo recibimos como nuestro Salvador, nos convertimos en fuentes de agua en este mundo. En otras palabras, no tenemos que ser víctimas de nuestro entorno. En lugar de eso, con Jesús viviendo en nosotros, podemos ser conductos de pureza y cambio positivo en nuestra iglesia, en nuestra escuela y en nuestra comunidad. Jesús promete convertirse en nosotros en una fuente de agua incorruptible «que brotará dándole vida eterna» (Juan 4: 14).
Aunque nuestro Salvador creció en la conflictiva ciudad de Nazaret (Juan 1: 46), fue capaz de vivir en medio de la violencia, la adicción, la concupiscencia, la codicia y el egoísmo que lo rodeaban. Hoy está más que dispuesto a hacer lo mismo a través y con todos los que se sometan a su señorío en sus vidas.
Medita de nuevo en Levítico 11 e identifica dónde está Jesús en el texto.
¿Cómo crees que sería el mundo si todos permitiéramos que Jesús nos transformara en fuentes de cambio positivo?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
3er. trimestre 2023 LA RESTITUCIÓN
Lección 9 «LA SALUD»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

